La alergia inducida por el ejercicio
Esta alergia se produce al tomar un alimento al que el paciente está sensibilizado y se realiza ejercicio físico en un tiempo que puede ser de hasta 6 horas tras la ingesta. El ejercicio actúa de cofactor para agravar la reacción alérgica.
Alimentos más frecuentemente implicados en la alergia inducida por el ejercicio:
- Frutas y verduras. Posiblemente por la alta frecuencia de sensibilización a una proteína presente en ellas, la LTP o proteína de transferencia de lípidos
- Los cereales. Fundamentalmente el trigo y concretamente una proteína que contiene, la omega 5-gliadina)
- Los frutos secos
- Las legumbres
- Las especias
- Se han descrito casos relacionados con otros alimentos no vegetales como el marisco
Un diagnóstico alergológico correcto es fundamental para evitar nuevos episodios, porque, en algunos casos, se desarrolla una anafilaxia, que es la reacción alérgica más grave.
La urticaria inducida por el ejercicio
Enfermedad en la que se produce un cuadro de urticaria (picor en la piel y formación de “ronchas” o habones) tras la realización de un esfuerzo físico, no necesariamente intenso.
En la mayoría de los casos se ha comprobado que existe una relación entre la ingesta de un alimento y la realización de ejercicio, en un intervalo de 2 a 6 horas tras la ingesta de dicho alimento. En algunas ocasiones, también puede desencadenarse cuando se ingiere el alimento inmediatamente después de haberse practicado el ejercicio.
En esta enfermedad, si el paciente ingiere ese mismo alimento, pero no realiza ningún ejercicio, no se produce ningún cuadro clínico.
En su forma más grave, se puede llegar a presentar un cuadro de anafilaxia, aunque esto es algo poco habitual.
¿Cómo se previene la urticaria-anafilaxia inducida por el ejercicio?
La prevención de los cuadros de urticaria-anafilaxia inducida por el ejercicio se basa en el hecho de evitar la ingesta de los alimentos responsables durante las 4 a 6 horas previas a realizar ejercicio. En el caso que se hayan ingerido esos alimentos, el paciente debe ser muy consciente de no realizar esfuerzos físicos en ese intervalo horario. Para ello, es necesario que el paciente conozca el alimento implicado, incluyendo aquellas formas de presentación en las que pueda estar como alérgeno oculto.
El asma inducida por el ejercicio
Se asocia a un conjunto de síntomas respiratorios que se desencadenan al hacer ejercicio físico. Es más probable en aquellas personas que sufren síntomas de asma a diario, por tener un asma más grave, pero especialmente porque no tienen la enfermedad bien controlada.
Los síntomas típicos incluyen la presencia de tos, acompañada o no de sensación de falta de aire, sibilancias (“pitos”) y opresión torácica, durante o tras haber realizado un ejercicio intenso, de entre 5 y 10 minutos de duración. Estos síntomas, por lo general, ocurren durante el ejercicio y alcanzan su máxima expresión sobre los 5-10 minutos después de finalizarlo. Cesa espontáneamente, normalmente entre los 20 y 40 minutos después de haber comenzado. Posteriormente, presenta un período refractario, en el que los pacientes no padecerán crisis o estas serán de menor intensidad, lo que facilita su prevención.
Es preciso establecer un correcto diagnóstico por parte del médico especialista, así como elegir bien el ejercicio que se va a realizar. Antes de iniciar el esfuerzo intenso, es necesario un período de calentamiento y tomar la medicación prescrita por el médico. Se recomienda, igualmente, evitar la exposición a otras circunstancias (humos, irritantes, temperaturas extremas) que podrían favorecer la aparición de una crisis de asma.
Puede llegar al 4-20% de la población general, y hasta el 75-95% de los sujetos ya diagnosticados de asma, especialmente si el asma no está controlada. No obstante, no son cifras homogéneas puesto que los distintos investigadores usan métodos distintos para establecer el diagnóstico, los factores ambientales (frío, temperatura, humedad, contaminación, etc.) varían en muchas regiones a lo largo del año e, incluso, no hay que olvidar que el asma es una enfermedad que se puede presentar con una gran variabilidad estacional.
En los deportistas de élite las cifras pueden alcanzar, e incluso superar, el 50%, siendo especialmente frecuente entre los que practican deportes de invierno. Está en relación con las condiciones ambientales en que el ejercicio se lleva a cabo, el tipo de deporte y el máximo nivel de esfuerzo exigido. Sin embargo, de cara a la población general, debemos recordar que muchos de estos atletas son capaces de alcanzar un alto nivel competitivo, lo que demuestra que los pacientes con asma pueden ser físicamente activos y llegar a realizar un nivel óptimo de ejercicio.
¿Por qué el ejercicio físico puede provocar asma?
Durante la realización del ejercicio físico, el músculo se ve sometido a un mayor esfuerzo mecánico, lo que obliga a que el sistema respiratorio sea más eficiente. Se necesita eliminar anhídrido carbónico y aportar oxígeno acorde con el esfuerzo físico realizado. Para ello, se aumenta la frecuencia respiratoria unas 10-15 veces respecto a los niveles de reposo, lo que provoca un enfriamiento y sequedad relativa de la vía respiratoria por pérdida de agua, que representa para el paciente asmático uno de los estímulos más importantes para la aparición del asma por esfuerzo.
El enfriamiento y la sequedad provocan cambios en la osmolaridad de la mucosa, lo que lleva a que, por un lado, unas células llamadas mastocitos, con numerosos gránulos que contienen distintos mediadores químicos, se degranulen y liberen esos mediadores (como prostaglandinas, leucotrienos e histamina) que tienen efecto broncoconstrictor. Además, estos cambios bruscos de temperatura y la llegada de contaminantes de diversa índole que se hallan en el aire respirado, y que pueden alcanzar los lugares más distales del árbol respiratorio, inducen una cierta irritabilidad bronquial. El resultado de todo ello es la aparición del broncoespasmo. Quizá por eso, los deportes de invierno (esquí de fondo, patinaje sobre hielo, etc.) conllevan un mayor riesgo que los practicados en un ambiente templado y húmedo.
¿Cuál es el deporte más indicado para los pacientes con asma inducida por el ejercicio?
No existe el ejercicio perfecto para las personas con asma. Lo ideal es elegir un deporte que le guste y le haga sentirse bien. Se tiene el concepto de que las actividades intensas y que duran menos de dos minutos son menos inductoras de broncoespasmo y, sin embargo, eso no es verdad. Lo mejor es una prescripción de cualquier tipo de deporte ajustado a la frecuencia cardíaca en una prueba de esfuerzo.
Los deportes más recomendables son los que se realizan de modo aeróbico, preferentemente con pausas de descanso y en ambientes húmedos y cálidos. Algunos de los deportes más aconsejables son la marcha, la bicicleta de paseo o la natación. La natación, al margen de una mayor facilidad para desplazar el peso corporal al realizarse en agua, induce menor grado de broncoconstricción porque el ambiente en las piscinas, sobre todo las cubiertas, es más húmedo y cálido. Además, la natación fortalece los músculos del tórax que facilitan la respiración e, incluso, favorece la movilización de las secreciones bronquiales.
Recomendaciones generales para una persona con asma que quiere hacer ejercicio:
- Evitar realizar una actividad física intensa cuando el asma del día a día no está controlada, si se tiene una infección respiratoria o si se está muy sintomático. Cuando se utiliza el medidor de flujo máximo, nunca se debe hacer ejercicio si se registran flujos anormalmente bajos.
- Llevar a cabo siempre un calentamiento prolongado y progresivo de, como mínimo, 15 minutos de duración y que asemeje las condiciones ambientales y el gesto deportivo del deporte que se vaya a realizar. Evitar hacer ejercicios muy intensos o de mucha duración, especialmente mientras no se haya alcanzado una buena condición física y no se conozcan los límites personales del ejercicio.
- Ajustar la prescripción de ejercicio a la frecuencia en la que el paciente presenta síntomas asmáticos, estableciendo pausas recuperadoras. Evitar ejercicios cercanos al 90% de la frecuencia cardíaca máxima, que se calcula mediante la fórmula: 220 – edad en años.
- En lo posible, realizar los deportes en ambientes calientes y húmedos, poco contaminados y sin humos. Intentar respirar por la nariz, lo que garantiza un mejor calentamiento y humidificación del aire. En los asmáticos con alergia a pólenes, es conveniente conocer los niveles de polen a través de www.polenes.com, y en los días de mucho viento y elevada polinización, realizar deporte en el gimnasio o en una instalación cubierta.
- No cometer imprudencias estando solo o en situaciones de riesgo. Este hecho es especialmente importante cuando se realicen deportes que entrañen un cierto peligro, como montañismo, escalada, ciclismo de montaña, rafting, etc.
- Recomendaciones de ejercicios para pacientes con asma:
- Calentamiento: 5 a 10 minutos de actividad cardiovascular y de resistencia muscular (de intensidades bajas a moderadas).
- Flexibilidad: 10 minutos de ejercicios de estiramiento (después del calentamiento o de la vuelta a la calma).
- Acondicionamiento: 20 a 50 minutos de actividad aeróbica, de resistencia, actividad neuromuscular y actividad deportiva (ejercicio relacionado al deporte practicado).
- Vuelta a la calma: 5 a 10 minutos de actividad cardiovascular/de resistencia (intensidad baja a moderada).
- Frecuencia: ejercicios de intensidad moderada al menos 5 días a la semana y ejercicio aeróbico de intensidad alta, 3 días a la semana.
¿Cómo se diagnostica el asma inducida por el ejercicio?
La historia clínica es muy importante, pero hay que tener en cuenta que solo la presencia de síntomas sugerentes de broncoespasmo o asma inducida por ejercicio no sirven para el diagnóstico y, menos aún si estamos ante una situación que requiera una confirmación objetiva por sus implicaciones legales (deporte de élite, federaciones deportivas, limitaciones laborales, etc.). Por ello la prueba diagnóstica de elección es la prueba de esfuerzo.
Esta prueba consiste en comparar la función pulmonar antes y después de realizar un esfuerzo físico, para tratar de averiguar si tras el ejercicio se produce una disminución del VEMS (volumen de aire espirado en el primer segundo) o FEV1 por sus siglas en inglés. Para llevar a cabo la prueba, el paciente realiza una espirometría en condiciones basales y se le solicita que corra durante unos 6-8 minutos sobre un tapiz rodante o en una bicicleta ergonómica. Debe alcanzarse una intensidad del 85% del máximo de la frecuencia cardíaca teórica, lo que suele ser suficiente para sujetos no entrenados. En ocasiones, puede ser necesario reproducir las condiciones ambientales en las que el asma aparece, y realizar un esfuerzo al aire libre o durante más tiempo. En el caso de niños, tres minutos de carrera en una cinta pueden ser suficientes para establecer el diagnóstico.
En deportistas de élite o sujetos muy entrenados, a veces esta técnica no es concluyente por lo que se precisa el soporte de otras, orientadas a demostrar la presencia de hiperreactividad bronquial (pruebas de provocación bronquial con metacolina, histamina, manitol o suero salino hipertónico) o de hiperventilación isocápnica (sin cambio en los niveles de CO2 en sangre).


