Alergia a mariscos (moluscos y crustáceos)

La alergia al marisco no debe confundirse con la alergia al pescado: son procesos distintos, aunque hay personas que presentan ambos. Curiosamente, una gran parte de quienes reaccionan a mariscos también están sensibilizados a los ácaros del polvo, fenómeno conocido como síndrome ácaros–marisco, aunque este vínculo no se da en sentido inverso.
Dado que el marisco figura entre los alérgenos alimentarios más comunes a nivel mundial, la normativa europea obliga a identificarlo de forma clara en el etiquetado.
El término “marisco” agrupa una serie de invertebrados acuáticos comestibles, sobre todo marinos. La mayoría pertenece a dos grandes grupos —crustáceos y moluscos— aunque también se incluyen otros animales como los erizos de mar.
Dentro de los moluscos se distinguen tres categorías: gasterópodos (univalvos), bivalvos y cefalópodos. El caracol terrestre también es un gasterópodo comestible, pero no se considera marisco por no ser acuático sino de tierra; aun así, puede desencadenar reacciones alérgicas tanto por sensibilización cruzada en personas alérgicas a ácaros como por alergia directa a sus proteínas.
Entre los mariscos consumidos habitualmente en España destacan:
Moluscos:
Crustáceos: gamba, langostino, quisquilla, carabinero, langosta, bogavante, cigala, buey de mar, centollo, nécora, cangrejo, percebe.
Equinodermos: Erizo de mar.
Se trata de una respuesta inmunológica mediada por IgE, desencadenada por proteínas presentes en los moluscos y crustáceos. Existe una marcada reactividad cruzada entre ellos, lo que explica que muchas personas sean alérgicas a varios tipos de marisco a la vez. No obstante, también pueden observarse casos de alergia exclusiva a moluscos, exclusiva a crustáceos o combinaciones más específicas.
La proteína que actúa como alérgeno principal en la mayoría de los mariscos es la tropomiosina. El tratamiento actual se basa en la eliminación estricta de los mariscos implicados.
Además de las reacciones alérgicas, el marisco puede causar cuadros tóxicos o infecciosos, especialmente en los moluscos filtradores, que pueden acumular microorganismos (bacterias, virus) o toxinas procedentes de algas microscópicas. Estas intoxicaciones suelen provocar síntomas digestivos, neurológicos o respiratorios.
La gamba ha sido uno de los crustáceos más estudiados y permitió identificar la tropomiosina como su alérgeno principal, representando cerca del 20 % de sus proteínas solubles.
Las tropomiosinas están presentes no solo en mariscos, sino también en otros invertebrados como ácaros del polvo, moscas de la fruta o cucarachas, lo que explica las asociaciones clínicas entre alergia respiratoria a ácaros y alergia alimentaria a marisco.
Investigaciones recientes han identificado reactividad cruzada entre la tropomiosina de gamba y la del grillo doméstico (Acheta domesticus), cuya harina desgrasada fue autorizada por la Unión Europea en 2023. Debido a este hallazgo, los alimentos que la contengan deben incluir una advertencia específica para personas alérgicas a crustáceos, moluscos o ácaros del polvo.
La tropomiosina es una proteína muy estable al calor y resistente a la digestión, lo que permite que se encuentre incluso en los vapores de cocción.
Además, otros alérgenos del marisco incluyen proteínas musculares como arginín-quinasa, miosina, la proteína ligadora del calcio sarcoplásmico y la hemocianina, especialmente relevante cuando se consumen crustáceos enteros.
Sí. Afecta principalmente a adultos: el 90 % de los casos se diagnostican después de los 15 años y, cuando aparece en niños, suele ser persistente. En España, los mariscos originan casi el 15 % de las alergias alimentarias en adultos, y los crustáceos son responsables de la gran mayoría.
La simple manipulación de mariscos o pescados —por ejemplo, en cocinas, pescaderías o fábricas— puede causar reacciones respiratorias o cutáneas, por lo que se ha detectado, a la par que el incremento mundial del consumo de estos productos, el aumento de reacciones alérgicas en entornos laborales.
Las manifestaciones son similares a las de otras alergias alimentarias, incluyendo síntomas cutáneos, digestivos, respiratorios e incluso anafilaxia.
El pilar fundamental del diagnóstico es una historia clínica detallada por un especialista, que permite valorar:
Posteriormente se realizan pruebas para confirmar la presencia de IgE específica:
En todos los casos, es necesario descartar alergia a Anisakis simplex.
En la actualidad, el tratamiento de la alergia al marisco se basa en: