Alergia a legumbres

En España consumimos habitualmente una amplia variedad de legumbres: garbanzos, lentejas, judías, guisantes, habas, cacahuetes, soja, altramuz y almorta. Aunque muchos niños reaccionan a estos alimentos, lo más frecuente es que la sensibilización disminuya o incluso desaparezca al llegar a la edad adulta.
Un aspecto clave en este grupo de alimentos es la reactividad cruzada: las proteínas de distintas leguminosas son muy parecidas entre sí y también a las de algunos frutos secos de cáscara, de modo que una persona puede reaccionar a varios alimentos, aunque solo haya probado uno. Aun así, la repercusión clínica varía según la zona geográfica y la dieta habitual.
La recomendación más relevante en este tipo de alergia es la evitación del alimento responsable, y la adrenalina autoinyectable el tratamiento recomendado para casos de reacción grave, Del mismo modo, es importante estar atento a posibles alérgenos ocultos, por lo que la lectura de etiquetado es de vital importancia.
La alergia a alimentos vegetales aumenta conforme avanza la edad, pero su distribución depende mucho de los hábitos alimentarios propios de cada región, por lo que existe una variabilidad geográfica.
Las leguminosas se caracterizan por su fruto en forma de vaina. Entre las más alergénicas se encuentran: lenteja, garbanzo, guisante, cacahuete (que erróneamente se suele incluir en el grupo de los frutos de cáscara), altramuz, judía verde y la soja
Son legumbres también: almorta, haba, fenogreco, alfalfa, bálsamo de Perú, sen, tamarindo, árbol del amor y bálsamo Copaiba.
En los países anglosajones, por ejemplo, la alergia al cacahuete se ha convertido en un problema de salud pública, afectando aproximadamente al 0,5 % de la población y provocando anafilaxia en hasta la mitad de los casos.
En España, donde garbanzos, judías y lentejas forman parte habitual de la dieta, son estas las que originan más reacciones. Las lentejas destacan como la causa más frecuente de alergia, y es habitual que quienes reaccionan a ellas también lo hagan a garbanzos o guisantes.
La soja, aunque se utiliza cada vez más, suele provocar alergias mediadas por IgE con menor frecuencia. Las fórmulas en base a proteínas de soja (aislado o hidrolizado) se utilizan como fórmula de sustitución hipoalergénica para lactantes con alergia a proteínas de la leche de vaca. Muchos niños con dermatitis atópica reaccionan a sus proteínas, pero suelen superar la alergia tras 12–24 meses de exclusión dietética. El polvo de soja puede causar síntomas respiratorios en adultos sensibilizados, aunque es menor la reacción por ingestión.
Las proteínas más relevantes desde el punto de vista alergológico son las proteínas de almacenamiento de semillas (globulinas 11S o leguminas, globulinas 7S o vicilinas y albúminas 2S o conglutinas)
Estas proteínas se concentran en frutos secos, semillas y legumbres, pero no están presentes en polen ni en otras partes de la planta. Los alergenos de las leguminosas son más potentes cocinados. En muchos casos las legumbres sometidas a cocción no sólo conservan la alergenicidad, sino que la aumentan.
Otra familia importante son las proteínas transportadora de lípidos (LTP), especialmente relevantes en el cacahuete en el sur de Europa
La similitud estructural entre proteínas de distintos alimentos vegetales puede originar sensibilización a múltiples alimentos, incluso sin haberlos consumido previamente. Gracias al diagnóstico molecular, hoy es posible determinar estas reactividades de forma más precisa.
Aunque la reactividad cruzada entre legumbres es elevada, no siempre se traduce en síntomas reales. Por eso, cuando un paciente reacciona a una legumbre, el alergólogo suele evaluar si tolera otras leguminosas.
La medida esencial para cualquier paciente alérgico es evitar estrictamente la legumbre responsable, además de contar con adrenalina autoinyectable si ha presentado reacciones graves, como anafilaxia. Dado que muchas legumbres se utilizan como ingredientes ocultos en productos industriales, leer cuidadosamente las etiquetas es imprescindible.
Existen varias líneas de investigación y terapias emergentes:
Polvo de cacahuete desgrasado administrado por vía oral, autorizado por la Agencia Europea del Medicamento para niños de 4 a 17 años. Permite aumentar la tolerancia a pequeñas cantidades de cacahuete. Está autorizado en España, aunque no financiado.
Se ha estudiado con extractos de cacahuete, administrado en centros hospitalarios y bajo personal experimentado. Aunque algunos pacientes lograron aumentar el umbral de tolerancia, el tratamiento generó muchas reacciones adversas, incluso graves, por lo que actualmente no se utiliza.
Se perfila como una alternativa más segura, con menos efectos secundarios y resultados prometedores en alergia a cacahuete y avellana, elevando las dosis toleradas, gracias al desarrollo de la biología molecular.
Es un parche que se aplica diariamente en la zona alta de la espalda y que libera alérgenos del cacahuete en microgramos (contenido de proteína de cacahuete de aproximadamente 1/1000 de 1 cacahuete). El primer parche se aplica bajo la supervisión de un alergólogo, pero los siguientes parches se aplican en casa. El Viaskin Peanut se está estudiando principalmente en pacientes pediátricos de 4 a 11 años y se encuentra en fase III de ensayo clínico. Ha demostrado buena tolerancia y resultados estadísticamente significativos frente al placebo
Existen trastornos no alérgicos relacionados con el consumo de legumbres:
Favismo
Es una enfermedad hereditaria ligada al cromosoma X. Ocurre en personas con déficit de la enzima 6-fosfato deshidrogenasa (G6PD), indispensable para el buen funcionamiento de los glóbulos rojos. Tras ingerir habas, los hematíes se destruyen y aparece una anemia hemolítica. En España su incidencia oscila entre un 0,1 % y 1 %, sobre todo en zonas mediterráneas. En personas con actividad enzimática normal, comer habas no supone ningún riesgo.
Latirismo
Se debe al consumo prolongado y excesivo de almorta (Lathyrus sativus), especialmente en dietas muy pobres. Esta legumbre contiene un compuesto neurotóxico capaz de producir rigidez muscular y parálisis de las piernas. En España fue un problema tras la posguerra y todavía aparece en regiones pobres de países como la India.
Sustancias tóxicas en legumbres crudas
Las legumbres sin cocinar pueden contener moléculas, como los fitatos, que dificultan la absorción de minerales como hierro, calcio y zinc. La cocción elimina estos compuestos, por lo que siempre se consumen cocinadas.