Alergia a los aditivos alimentarios

Los aditivos alimentarios son sustancias que se incorporan a los alimentos para mejorar su aspecto, sabor, textura o conservación. No aportan valor nutricional, pero facilitan su elaboración o prolongan su vida útil.
Los aditivos llevan usándose desde hace años y su empleo se ha convertido en una práctica habitual de la industria. Como consecuencia, la población ha incrementado notablemente la exposición a los mismos, particularmente en alimentos procesados, lo cual ha contribuido a crear un nuevo entorno en el intestino, favoreciendo el desarrollo de reacciones adversas.
En Europa se identifican mediante un código formado por la letra E seguida de un número (por ejemplo, E100, E120, E250). Aunque no es una norma estricta, los aditivos suelen agruparse según su función: colorantes (E1**), conservantes (E2**), antioxidantes y reguladores del pH (E3**), estabilizantes (E4**), potenciadores del sabor (E6**), y edulcorantes (E9**). Este sistema está regulado y cada aditivo debe contar con estudios de seguridad y una autorización específica antes de utilizarse.
Aunque existe preocupación social sobre su impacto en la salud, las reacciones alérgicas mediadas a aditivos son muy poco frecuentes. Curiosamente, los aditivos de origen natural (extraídos de vegetales o animales) pueden ser más alergénicos que los sintéticos debido a la presencia de trazas de proteínas de la fuente de origen.
Así, aunque la alergia a aditivos no es tan común como las alergias a alimentos propiamente dichos, los aditivos pueden ser alérgenos importantes. Leer bien las etiquetas y consultar a un especialista es clave para manejar estas sensibilidades.
Los colorantes se utilizan para mejorar el aspecto visual de alimentos muy diversos: bebidas, repostería, derivados cárnicos, helados o salsas.
Se obtienen de extractos vegetales o animales. Aunque muchas veces se consideran más “seguros”, paradójicamente pueden ser más alergénicos por contener proteínas residuales:
Carmín o ácido carmínico (E120)
Procede de la cochinilla. Es un colorante de color rojo Se emplea en productos cárnicos, lácteos, dulces y bebidas alcohólicas. También se usa como tinte en tejidos o maquillaje. Puede provocar:
Su alternativa sintética, rojo cochinilla A o Ponceau 4R (E124), no contiene proteínas y no se asocia a alergia mediada por IgE, aunque puede liberar histamina en algunas personas sensibles y se han descrito casos de anafilaxia debido a este colorante.
Curcumina o amarillo natural (E100)
Colorante amarillo-naranja procedente de la cúrcuma. Habitual en salsas y mezclas como el curry.
No se ha demostrado alergia mediada por IgE, aunque sí se han descrito casos aislados de sensibilidad por contacto.
Antocianinas (E163), carotenoides (E160), luteína (E161b), clorofilas y las clorofilinas (E140)
Presentes en frutas y verduras. Su potencial alergénico está relacionado con pequeñas cantidades de proteínas vegetales residuales, como LTP o quitinasas.
El grupo más conocido son los colorantes azoicos (como tartrazina E102 o E110). Son los que más frecuentemente se han implicado en reacciones adversas. Proporcionan color amarillo en salsas, condimentos, repostería y medicamentos.
Se han relacionado con:
Se le ha relacionado con reacciones alérgicas por cruce con medicamentos en personas alérgicas a antiinflamatorios.
Otros colorantes no azoicos, como el amarillo de quinoleína (E104), también se han asociado a urticaria, aunque sin evidencia concluyente.
Aumentan la intensidad del sabor sin modificarlo.
Derivan de un aminoácido presente en numerosos alimentos, especialmente quesos curados y ciertos pescados. Usado en sopas, salsas, snacks y productos precocinados y platos orientales.
No se ha demostrado alergia mediada por IgE.
Se relaciona con un efecto tóxico conocido como “Síndrome del restaurante chino”. Consiste en un conjunto de síntomas transitorios tras la ingesta de alimentos ricos en glutamato monosódico, sobre todo en comida china. No se ha demostrado alergia mediada por IgE. Los síntomas, que remiten sin tratamiento, incluyen: enrojecimiento, ardor en parte superior del cuerpo, cefalea, presión facial o palpitaciones, mareo y síncope.
Presentes en productos cárnicos y sopas.
Tampoco se ha demostrado que causen alergia mediada por IgE.
Los edulcorantes imitan el sabor dulce y se utilizan para reducir la carga calórica o evitar el efecto cariogénico del azúcar. Se dividen en nutritivos (aportan energía) y no nutritivos o intensos (muy dulces y sin calorías).
Ejemplos: sorbitol (E420), manitol (E421), xilitol (E967), eritritol (E968), maltitol (E965), lactitol (E966), isomalt (E953). Se encuentran de forma natural en frutas y verduras y son comunes en productos dietéticos.
Efectos adversos más comunes:
Se ha descrito anafilaxia por manitol intravenoso (uso médico) y casos aislados con eritritol, pero la evidencia de alergia es muy limitada.
Son sustancias que evitan el crecimiento de bacterias, hongos o levaduras y prolongan la vida útil de los alimentos.
Los principales integrantes de este grupo son las sales de ácidos orgánicos (sorbatos, propionatos, benzoatos, parabenos) e inorgánicos (nitratos, nitritos, sulfitos).
Usados en embutidos, quesos, pescados y carnes curadas para prevenir botulismo y mantener el color rosado.
Pueden producir:
No se ha demostrado alergia verdadera.
Los parabenos son conocidos alérgenos de contacto.
Uso muy limitado (principalmente caviar).
Se han descrito reacciones tóxicas, pero no alergias.
Los sulfitos comprenden el dióxido de azufre o anhídrido sulfuroso y sus sales. Presentes en vinos, cervezas, zumos, mosto, sidra, vinagre, conservas, crustáceos, frutas procesadas y numerosos alimentos industriales.
La normativa europea obliga a etiquetar cualquier alimento que contenga sulfitos a concentraciones superiores a 10 mg/kg o 10 mg/l, y estos productos han de ser declarados con el término sulfito o dióxido de azufre.
Pueden causar:
Sensibilidad a sulfitos
No es una alergia clásica.
Se relaciona con:
La sospecha clínica suele surgir por episodios de sibilancias y tos tras el consumo de bebidas como vino o cerveza. La confirmación diagnóstica puede requerir una prueba de exposición controlada con monitorización espirométrica.
E-270 Ácido láctico, E-325 Lactato sódico, E-326 Lactato potásico, E-327 Lactato cálcico: suele tener un origen químico o industrial. Se puede obtener a través de la fermentación, usando bacterias para fermentar carbohidratos como azúcares de caña, almidones de maíz o patatas o mediante síntesis química que es fabricado directamente en laboratorios.
Pero también se encuentra de forma natural en la leche. Se forma principalmente a través de la fermentación de la lactosa (el azúcar de la leche). Por ello, es importante siempre intentar averiguar su origen.
E-966 Lactitol: Es un azúcar-alcohol sintético producido a partir de la lactosa que es un azúcar que contiene la leche de vaca. No es probable que este aditivo contenga proteína de leche de vaca, pero al provenir de la lactosa hace que no se pueda descartar alguna posible contaminación.
E-472b Ésteres lácticos de los mono y diglicéridos de ácidos grasos, E-481 Estearoil-2-lactilat sódico, E-482 Estearoil-2-lactilat cálcico: Generalmente se producen a partir de grasas vegetales. Sin embargo, también pueden provenir de grasas animales por lo que en caso de provenir de grasas animales bovinos podrían contener proteína de leche de vaca.
E-322 Lecitina: Actualmente casi siempre se obtiene de la soja, pero, en caso de duda se debe consultar al fabricante.
Potenciadores del sabor (E-626, E-627, E-628, E-629, E-630, E-631, E-632, E-633, E-634, E-635): Se obtienen a partir de levaduras o de extractos de carne o de peces.
Los aditivos derivados de la soja más comunes son la lecitina de soja (E-322), usada como emulsionante en chocolate, panadería y salsas, y el concentrado de proteína de soja, que mejora textura y retención de agua en carnes y cereales; también se usa el aceite de soja oxidado (E-479) y el ácido esteárico (derivado para velas) para mejorar velas de soja.
El diagnóstico debe ser realizado por un especialista e incluye:
Las reacciones adversas que pueden producir los aditivos se dividen en 2 grandes tipos:
En casos extremos, consumir un alimento al cual una persona está muy sensibilizada puede llegar a causar anafilaxia.
Evitación selectiva
Solo deben evitarse los aditivos demostrados como responsables, lo cual a menudo no es nada fácil debido a la gran distribución de los mismos y a los defectos del etiquetado de productos.
Eliminar grupos enteros sin fundamento puede restringir la dieta innecesariamente.
Manejo de reacciones alérgicas
En personas que han presentado reacciones importantes: