Alergia a las proteínas del huevo

La alergia al huevo es una reacción del sistema inmunitario frente a algunas proteínas presentes en el huevo, sobre todo en la clara, aunque también puede afectar a las de la yema. En la mayoría de los casos se trata de reacciones mediadas por IgE, que aparecen de forma rápida tras la ingestión, el contacto o incluso la inhalación de partículas de huevo.
Es una alergia muy frecuente en la infancia y una de las principales causas de consulta por alergia alimentaria en menores de 5 años.
La evolución espontánea a la curación ocurre al menos en el 75 % de los niños que sufren esta alergia en la primera infancia. E incluso la tolerancia puede ocurrir de forma precoz.
Existen tratamientos de inmunoterapia para aquellos niños que no superen la alergia de forma espontánea, teniendo un resultado positivo en un 90% de los casos (bien sea tolerancia total o aumento del umbral de la misma, lo que posibilita una dieta con mínimas restricciones).
Pueden ocurrir otras reacciones inmunológicas no mediadas por IgE, como la Enterocolitis por proteínas (FPIES por sus siglas en inglés) o la Esofagitis Eosinofílica.
Es una de las alergias alimentarias más habituales en los primeros años de vida. Los estudios europeos indican que cerca del 1% de los niños pequeños presenta alergia clínica, aunque el porcentaje varía según las poblaciones estudiadas.
Entre los motivos de consulta por alergia alimentaria, el huevo representa el 44% en menores de 5 años, y sólo el 10% en mayores de esta edad.
En adultos es mucho menos frecuente.
Los principales factores de riesgo para padecer alergia al huevo son: carga alérgica personal/familiar, sufrir de piel atópica en los primeros meses de vida o haber presentado alergia previa a otro alimento.
La buena noticia es que la alergia al huevo suele tener un pronóstico favorable:
En adultos, la evolución es menos conocida porque no se revisa de forma periódica como en la infancia.
Las principales proteínas de la CLARA de huevo son ovoalbúmina y ovomucoide, que son las que producen más alergia. El ovomucoide es notable por su estabilidad al calor, lo que contribuye a que algunas personas alérgicas al huevo sigan experimentando reacciones incluso con el huevo cocido. Por otro lado, ovotransferrina o conalbúmina y lisozima son proteínas más sensibles al calor y, por tanto, causan reacciones más débiles.
En la YEMA de huevo se encuentran proteínas como las apolivetinas y livetinas, presentes tanto en el huevo como en las plumas de las aves, responsable del síndrome ave-huevo. En este síndrome, causado por sensibilización a la albúmina sérica de pollo o α -livetina, la persona no solo presenta alergia al huevo, sino que también puede tener asma al inhalar partículas de plumas de aves, lo que lo convierte en un cuadro más complejo. Las aves que más comúnmente están asociadas con este tipo de alergia son loros, periquitos y canarios.
Los síntomas suelen aparecer entre pocos minutos y una hora después de consumir huevo. Pueden oscilar e incluir:
Manifestaciones cutáneas
Síntomas digestivos
Síntomas respiratorios
Anafilaxia
Aunque no es lo más frecuente, la alergia al huevo puede provocar reacciones graves y generalizadas.
El diagnóstico lo establece un alergólogo e incluye varios pasos:
Historia clínica
El especialista evaluará los síntomas y el momento en que se presentan tras tomar huevo.
Pruebas cutáneas y análisis de IgE específica
Ayudan a confirmar la sensibilización a las proteínas del huevo. Una prueba positiva no significa automáticamente alergia: es necesario que haya síntomas compatibles.
Prueba de exposición oral
Es la prueba definitiva para confirmar o descartar la alergia. Se realiza siempre en un entorno médico controlado, administrando cantidades progresivas de huevo y observando si aparecen síntomas.
Sí. La alergia al huevo suele coexistir con otras alergias alimentarias, sobre todo en:
A lo largo del tiempo pueden aparecer alergias adicionales a frutas, frutos secos u otros alimentos, aunque esto no ocurre en todos los casos. Y esto puede suceder, aunque se haya superado la alergia al huevo.
Sí. Muchos niños con dermatitis atópica o alergias previas presentan pruebas cutáneas o analíticas positivas al huevo antes de haberlo probado.
Esto solo indica sensibilización, no alergia. La alergia solo se diagnostica si hay síntomas reales tras la exposición.
Las sociedades pediátricas recomiendan la introducción precoz del huevo, dentro de la alimentación complementaria (6–12 meses), en niños de riesgo (lo que puede incluso favorecer la tolerancia).
El huevo crudo o poco hecho debe evitarse en menores por riesgo microbiológico.
El tratamiento básico es evitar el huevo y los alimentos que lo contienen.
Además, es fundamental:
La prueba consiste en administrar cantidades crecientes de huevo (siempre bajo supervisión médica), empezando normalmente por huevo cocido, que es menos alergénico, y avanzando según tolerancia. Si aparece una reacción, se detiene la prueba y se administra el tratamiento oportuno.
Algunos pacientes toleran bien el huevo muy cocinado (bizcochos, productos horneados), pero reaccionan frente al huevo crudo o poco hecho (tortilla poco cuajada, salsas). Por ello resulta importante conocer el nivel de tolerancia a las distintas formas de preparación, lo que es fundamental para personalizar la dieta.
Sirve para:
La inmunoterapia oral (ITO) consiste en administrar cantidades controladas de huevo para aumentar la tolerancia del organismo.
Está indicada en centros especializados y puede:
Durante la ITO pueden aparecer reacciones, por lo que el proceso se realiza bajo estrecha supervisión médica.
Una vez alcanzada la tolerancia, es necesario consumir huevo de forma regular para mantenerla.
Algunas personas desarrollan alergia a proteínas presentes tanto en la yema como en las plumas de aves.
Es una forma menos habitual, pero puede producir:
Es más frecuente en adultos que han estado expuestos durante años a pájaros domésticos.
Las proteínas del huevo de distintas especies (gallina, pato, oca, codorniz, avestruz…) son muy parecidas.
Por eso, la mayoría de las personas alérgicas al huevo de gallina también reaccionan a los de otras aves.
En casos concretos puede tolerarse el huevo de codorniz, pero esto es poco habitual y debe valorarse individualmente.
Algunas vacunas cultivadas en huevo o ciertos medicamentos incluyen proteínas derivadas del huevo (como la lisozima).
Las recomendaciones actuales:
El alergólogo indicará las precauciones específicas en cada caso. Ante cualquier vacunación, se recomienda advertir, siempre antes al personal médico, de la alergia.
Muchos alimentos procesados llevan derivados del huevo en forma de líquido, polvo, clara aislada o huevo entero pasteurizado.
Se utiliza como emulsionante, abrillantador, clarificador, adhesivo, coagulante, espumante, aromatizante, colorante, gelificante, etc.
Las denominaciones más comunes en las etiquetas son: albúmina, coagulante, emulsificante, globulina, lecitina o E-322, livetina, lisozima, ovoalbúmina, ovomucina, ovomucoide, ovovitelina, vitelina o E-161b (luteína, pigmento amarillo)
Suele encontrarse en:
La lisozima, un derivado del huevo, también se utiliza en algunos vinos o quesos como conservante.
El huevo también se suele utilizar para producción de alimentos para animales de compañía, cosméticos, industria de curtido de piel, encuadernación de libros o en material de manualidades como pintura de temple, dorados o pegamentos, o productos de jardinería.
Por ello es tan importante leer detenidamente las etiquetas de los productos que se van a ingerir, así como controlar composiciones de otros que se vayan a consumir.
Dada la omnipresencia del huevo tanto en alimentación como en otro tipo de productos, a pesar de todas las precauciones, esta alergia puede resultar muy desafiante, tanto para la persona alérgica como para su entorno. Existe un riesgo constante a exposición accidental, lo que frecuentemente se traduce en ansiedad tanto en las familias como en los propios niños alérgicos, especialmente en situaciones en las que no se puede tener un control tan completo, como cuando se está fuera de casa (colegio, buffet o eventos sociales), por la dificultad de control sobre los propios ingredientes, la posible contaminación cruzada y la dificultad de educar a todos los involucrados.