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Etiquetado erróneo

La información sobre los alérgenos es esencial para que las personas con alergias alimentarias puedan elegir con seguridad los productos que consumen. Sin embargo, no siempre el etiquetado resulta tan claro como debería.

Hace unas semanas, una socia de AEPNAA nos trasladó una duda que probablemente algunos consumidores se hayan planteado alguna vez.

En un mismo envase encontró información sobre posibles trazas de alérgenos en dos lugares diferentes. Junto a la lista de ingredientes aparecía la advertencia de posibles trazas de huevo y leche, mientras que, en otra zona del envase, junto al lote y la fecha de consumo preferente, se indicaban además posibles trazas de soja y mostaza.

La pregunta era sencilla: ¿es correcto informar de los alérgenos de esta manera?

AEPNAA trasladó la consulta a la Comunidad de Madrid

Con el objetivo de ofrecer una respuesta rigurosa, trasladamos la consulta a la Subdirección General de Seguridad Alimentaria y Sanidad Ambiental de la Comunidad de Madrid. La respuesta recibida es clara.

Aunque actualmente no existe una normativa europea que armonice completamente el etiquetado precautorio de alérgenos (las conocidas “trazas”), la información voluntaria debe cumplir unos requisitos básicos: no puede inducir a error, ser ambigua ni confusa para el consumidor.

Los alérgenos deben aparecer agrupados

La Comunidad de Madrid recuerda que la Comisión Europea considera que el etiquetado precautorio debe presentarse como una declaración independiente situada junto a la lista de ingredientes y con un formato similar, de manera que toda la información relacionada con los alérgenos sea fácilmente localizable para el consumidor.

¿Es correcto repartir la información por el envase? La respuesta es no.

✔️ Los alérgenos y las trazas deben presentarse de forma clara y agrupada.

❌ No es correcto repartir la información sobre posibles alérgenos en distintos lugares del envase, ya que puede inducir a error al consumidor.

Según el criterio trasladado por la Comunidad de Madrid: presentar la información sobre posibles trazas de alérgenos en dos lugares distintos del envase no es una práctica correcta, ya que puede inducir a error al consumidor. Si el fabricante necesita incorporar nuevos alérgenos precautorios, debería modificar el etiquetado para que toda la información aparezca agrupada y sea fácilmente visible.

¿Por qué es tan importante?

Cuando una persona con alergia alimentaria consulta la etiqueta de un producto necesita encontrar toda la información relevante en un único lugar, de forma clara y sin contradicciones.

Dispersar la información sobre alérgenos obliga al consumidor a revisar todo el envase y aumenta el riesgo de pasar por alto una advertencia importante.

En cuestiones de seguridad alimentaria, la claridad no es un detalle: puede marcar la diferencia entre consumir un alimento con tranquilidad o exponerse a una reacción alérgica.

Seguimos resolviendo vuestras dudas

Desde AEPNAA agradecemos a nuestra socia que compartiera esta consulta y a la Comunidad de Madrid por la claridad con la que ha respondido.

Si encuentras un etiquetado que te genere dudas o detectas una posible irregularidad relacionada con los alérgenos, puedes dirigirte a la autoridad responsable de la seguridad alimentaria de tu Comunidad Autónoma o hacérnoslo llegar, trasladaremos la consulta para ofrecer una respuesta fundamentada y útil para toda la comunidad.

Alergia alimentaria en adultos

Un reciente estudio realizado en una amplia cohorte de pacientes adultos atendidos en un hospital de Países Bajos confirma algo que cada vez se observa más en consulta: la alergia alimentaria es diversa, cambiante y no se limita a los alérgenos más conocidos.

El trabajo identifica casi 200 alimentos implicados en reacciones compatibles con alergia, con un papel especialmente relevante de frutas, frutos secos, legumbres y semillas. Además, muestra que la gravedad de las reacciones no se restringe a unos pocos alimentos tradicionalmente considerados de alto riesgo.

Aunque se trata de un estudio retrospectivo realizado en un entorno hospitalario especializado —por lo que sus resultados no pueden interpretarse como prevalencias poblacionales—, ofrece una fotografía muy útil de lo que está ocurriendo en la práctica clínica real.

¿Qué nos dicen estos datos?

Algunas ideas clave que se desprenden del estudio:

  • Casi cualquier alimento puede estar implicado en una reacción alérgica, no solo los 8 grandes alérgenos clásicos o los 14 regulados en la UE.
  • En adultos europeos, frutas, frutos secos, legumbres y semillas tienen un peso especialmente importante.
  • La gravedad no es exclusiva de unos pocos alimentos: determinadas frutas (incluidas algunas tropicales) y semillas pueden asociarse a reacciones graves en personas sensibilizadas.
  • No todas las legumbres se comportan igual: el riesgo puede variar entre cacahuete, distintas judías o productos de soja según su grado de procesamiento.
  • El etiquetado obligatorio es fundamental, pero no cubre todos los alimentos capaces de provocar reacciones importantes.

¿Qué implica esto para pacientes y familias?

En la práctica diaria, estos datos refuerzan varios mensajes importantes:

  • Ante la sospecha de alergia a un alimento, es esencial acudir al alergólogo.
  • Las pruebas diagnósticas (prick test, IgE específica, estudio de componentes moleculares) son herramientas útiles, pero no siempre existen para todos los alimentos y pueden dar resultados falsamente negativos.
  • En algunos casos, la prueba de referencia sigue siendo la provocación oral controlada, realizada en un entorno sanitario.
  • Las personas con alergias moderadas o graves deben contar con un plan de acción individualizado y, cuando esté indicado, disponer de medicación de rescate, incluida adrenalina.

Un mensaje claro: diversidad, prevención e investigación

Para AEPNAA, este estudio refuerza tres líneas fundamentales de trabajo:

  • La necesidad de mejor información y etiquetado claro.
  • Más investigación en alimentos emergentes, como frutas exóticas, semillas o nuevas fuentes de proteína vegetal.
  • Un mejor acceso a los servicios de alergología, que permita una valoración individualizada y rigurosa en cada caso.

La alergia alimentaria no es una realidad estática ni limitada a unos pocos productos. Es diversa, evoluciona y exige información, formación y sistemas sanitarios preparados para dar respuesta.