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Alergias alimentarias en alojamientos

Durante una semana, el Hotel Playa San Cristóbal, en Almuñécar, fue la casa de los jóvenes que participaron en Beyond the Label, el proyecto Erasmus+ organizado por AEPNAA. Acoger a un grupo con múltiples alergias alimentarias exigía mucho más que adaptar un menú: había que revisar espacios, organización de la cocina, trazabilidad, contaminación cruzada y hasta la presencia de humos y olores.

Hablamos con Abel Jiménez, responsable de hotel, sobre cómo prepararon la estancia junto al equipo de AEPNAA, qué aprendieron durante el proceso y por qué, después de la experiencia, tiene claro que la información y la planificación pueden hacer posible lo que en un principio parece complicado.

1. Cuando AEPNAA os planteó alojar a un grupo de jóvenes con múltiples alergias alimentarias, ¿qué pensaste?

Desde el principio pensé que era posible. A lo largo del año acogemos diferentes grupos y es habitual encontrarnos con distintas necesidades alimentarias: personas que no toman gluten, comida halal, vegetarianos, veganos o personas con intolerancia a los lácteos. Incluso tuvimos una vez un grupo prácticamente vegano y la experiencia fue genial.

Es verdad que en este caso suponía ir un paso más allá. Fui siendo cada vez más consciente de todo lo que implicaba a medida que avanzaban las reuniones con Esther y Sara, responsables del proyecto, por parte de AEPNAA.

Alergias alimentarias en alojamientos

Abel Jiménez, responsable del Hotel Playa San Cristóbal.

2. ¿Cuándo os disteis cuenta de que no bastaba simplemente con “tener cuidado” con la comida?

Especialmente cuando hablamos de los humos y los olores. Ahí entendí que no se trataba únicamente del contacto, de evitar cruces entre alimentos o de controlar la trazabilidad, sino que había que extremar todavía más las precauciones.

El principal reto fue separar correctamente los espacios, sobre todo la cocina. En las habitaciones o en la terraza era más sencillo organizar zonas diferenciadas, pero la cocina requería otra solución.

Al principio pensamos en dividir físicamente la cocina principal mediante algún tipo de barrera. Sin embargo, eso obligaba a trasladar los platos de un lugar a otro durante bastante recorrido.

Entonces vimos que una zona de la terraza que utilizábamos puntualmente para emplatar en algunos eventos podía convertirse en una pequeña cocina. La habilitamos y la dedicamos en exclusiva al grupo.

3. ¿Cómo organizasteis los menús y el trabajo para 24 jóvenes con necesidades alimentarias diferentes?

Aquí tengo que agradecer enormemente el trabajo de Esther y también de Sara y Jesús, por parte del proyecto, y de William, nuestro chef. Con ellos fui revisando prácticamente cada punto del menú de la semana.

La comunicación previa fue fundamental porque nos permitió conocer con antelación las necesidades de los participantes y preparar no solo comidas seguras, sino también un entorno en el que pudieran sentirse tranquilos.

En cocina decidimos además dedicar una parte del equipo casi exclusivamente al grupo. Eso permitió conocer mejor las necesidades y los gustos de cada participante y, al mismo tiempo, crear un vínculo más cercano entre los trabajadores y los jóvenes.

4. Seguridad sí, pero ¿también consiguieron disfrutar de la comida?

Por lo que nos han contado, creo que sí. No solo hemos conseguido que las comidas fueran seguras, sino también que estuvieran ricas.

Ahí William ha hecho un trabajo fantástico. Con un número limitado de ingredientes y trabajando en una cocina pequeña habilitada específicamente para el grupo, ha sabido sacar muchísimo partido a cada alimento que habíamos acordado incluir en los menús.

Y al final la mejor prueba era escuchar a los chicos preguntar cuándo iban a repetir los espaguetis o ver cómo pedían otra ración porque les había gustado la comida.

Alergias alimentarias en alojamientos

Hotel Playa San Cristóbal

5. Después de convivir una semana con ellos, ¿ha cambiado vuestra forma de entender las alergias alimentarias?

Sí, para bien. Todo el equipo ha aprendido más sobre los distintos tipos de alergia, los procesos de desensibilización, la contaminación cruzada, la trazabilidad o el etiquetado de los productos.

Ahora incluso nos fijamos más en los ingredientes y en la composición de alimentos que normalmente damos por sentados.

Ha sido un placer para todo el equipo participar en el proyecto. Nosotros funcionamos casi como una familia y, cuando un huésped necesita una atención adicional, lo primero que queremos es que se sienta cómodo y ayudar en todo lo posible.

6. ¿Dirías ahora que un alojamiento pequeño puede adaptarse a personas con alergias si cuenta con información y planificación?

Sí. Ha sido un reto, especialmente porque era la primera vez que nosotros afrontábamos una experiencia de estas características, pero gracias a la información recibida y a todo el trabajo previo con AEPNAA ha sido posible.

A veces, desde fuera, puede parecer demasiado complicado involucrarse en algo así. Sin embargo, el aprendizaje y la satisfacción de conseguirlo compensan con creces el esfuerzo inicial.

Esa fue precisamente una de mis motivaciones: conseguir que estos jóvenes pudieran sentirse cómodos y seguros y disfrutar de una experiencia Erasmus+ fuera de su entorno habitual, como cualquier otro joven.

Además, soy un enamorado de Almuñécar. Que el proyecto se celebrara aquí también era un aliciente. Si dentro de unos años alguno de los participantes decide volver a visitarnos, me hará especialmente feliz.

«Conocer para proteger, incluir para vivir», ese es ahora el nuevo lema de Abel Jiménez, dice

7. ¿Con qué momento de la semana te quedas?

Casualmente, durante su estancia fue mi cumpleaños y me sorprendieron cantándome el “Cumpleaños feliz”. Fue una forma muy bonita de sentir de vuelta el cariño que nuestro equipo había intentado transmitirles durante toda la semana.

Pero también me quedo con escenas mucho más sencillas: cruzarme con ellos por los pasillos y que me dijeran “qué rica estaba hoy la comida”, que preguntaran cuándo íbamos a repetir un plato o que quisieran quedarse un rato más en la mesa porque estaban disfrutando.

Esas pequeñas cosas te dicen que se han sentido cómodos. Y, al final, eso era exactamente lo que queríamos conseguir.

La experiencia del Hotel Playa San Cristóbal de Almuñécar demuestra algo que también ha estado muy presente durante Beyond the Label: la seguridad de las personas con alergia alimentaria requiere conocimiento, anticipación y coordinación, pero también voluntad de buscar soluciones.

Durante el encuentro, la colaboración entre el equipo del alojamiento y AEPNAA permitió adaptar espacios, menús y dinámicas de trabajo para que los participantes pudieran centrarse en lo importante: convivir, aprender, ganar autonomía y disfrutar de la experiencia.