El doctor Pedro Ojeda, de la Clínica de Asma y Alergia Dres. Ojeda, nos relata en este artículo su visión de cómo la pandemia ha modificado, bajo su experiencia, la manera en que la sanidad privada ha tenido que modificar sus hábitos.

A primeros de marzo de este año, no nos podíamos imaginar cuánto iba a cambiar nuestra realidad en las semanas siguientes, tanto en lo personal como en lo profesional. La crisis sanitaria motivada por el virus SARS-Cov-2, más popularmente conocido por coronavirus, a secas, ha supuesto un antes y un después en la vida de todos nosotros. Para algunas personas con más sufrimiento y dolor que para otras, para no pocas, con más evolución en conciencia que para otras. No pretendo en este post adentrarme en los cambios cotidianos y espirituales que ha supuesto esta vivencia, aunque sí invito a los lectores a tomarse, cuando buenamente se pueda, un tiempo para la reflexión y, al menos, establecer propósitos de mejora personal.

Me voy a centrar, sin embargo, en los cambios que ha supuesto esta crisis en el modelo de atención sanitaria, al menos desde la perspectiva de la atención sanitaria privada en Alergología, que es la que conozco bien.

El 15 de marzo de 2020, el Gobierno de España decretó el Estado de Alarma, por el cual la gran mayoría de los ciudadanos españoles se vieron obligados a permanecer en sus domicilios con una restricción casi completa de la libertad de movimientos. Aunque los centros sanitarios quedaban fuera, lógicamente, de los establecimientos obligados a echar el cierre, lo cierto es que la prudencia y el temor a contagiarse por el coronavirus motivaron una bajada sin precedentes en la asistencia de los pacientes a las citas que tenían programadas en nuestra clínica: en esa semana siguiente, comparativamente con el 2019, la afluencia de pacientes cayó la nada despreciable cifra de un 61%, con un descenso del 71% de la facturación. Fue un momento de decisiones difíciles; no olvidemos que los centros de medicina privada se sostienen de lo que facturan por su actividad y que de estos ingresos depende que se puedan seguir pagando las nóminas de sus empleados. Además, teníamos el deber moral de seguir estando disponibles para nuestros pacientes.

Reconversión

Entre las muchas medidas que la dirección de la Clínica adoptó destaco cómo, de una manera ágil y con mucho trabajo por parte del personal administrativo, reconvertimos la mayoría de las citas presenciales a citas telefónicas y mantuvimos siempre un retén de un médico y un administrativo en las instalaciones para poder atender a aquellas personas cuya situación médica requería una atención presencial. A su vez, tuvimos que mejorar nuestra asistencia administrativa con la implementación de soluciones informáticas que han venido para quedarse: el uso de la video-consulta, con la que ya llevábamos trabajando un par de años, se ha visto claramente aumentado; la consulta telefónica, que escasamente utilizábamos al no estar contemplado, hasta entonces, por las compañías aseguradoras que se pudiera facturar una consulta si el paciente no asistía al centro médico; el sistema REMPe de receta electrónica privada, que justo se puso en funcionamiento unas pocas semanas antes del confinamiento y permite prescribir medicamentos y enviar por mail las recetas y que el farmacéutico las lea a través de un código o del DNI electrónico del paciente; y el portal del paciente, una aplicación que nos permite subir los archivos e informes médicos a un servidor seguro y que el paciente acceda a ellos y se los descargue directamente desde su ordenador.

Igualmente, y de acuerdo con el documento de recomendaciones que elaboró la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), cancelamos las pruebas de provocación con alimentos y medicamentos, realizando sólo aquellas pruebas de medicamentos cuyo resultado pudiese ser determinante para el estado de salud de un paciente durante la crisis sanitaria; también cancelamos, como no podía ser de otra manera, los inicios de los tratamientos de desensibilización con alimentos y, en aquellos casos en los que el paciente estuviese en la fase de inducción, optamos por mantenernos en una dosis segura y estable a lo largo del Estado de Alarma. A este respecto, todos los pacientes que se vieron afectados por esta medida ya han podido finalizar esta fase y se encuentran en fase de mantenimiento.

Fueron días grises y sombríos. Días en los que ibas a la Clínica y estabas, muchos de ellos, más solo que la una, echando de menos el bullicio de gente en la sala de espera, de niños llorando por tener que hacerse las pruebas de alergia o un análisis de sangre, las sesiones clínicas con nuestros compañeros… Días en los que las alarmantes cifras de contagiados y fallecidos por el coronavirus, con todos los dramas personales asociados, aderezado con la lluvia y el frío, e incluso algún día la nieve, realmente hicieron mella en nuestros corazones. Días en los que te alegraba el día una voz agradecida al otro lado del hilo telefónico que decía “hola doctor, no vea Ud. la alegría que me hace que me llame…”.

La llegada de la primavera

Pero llegó la primavera y con ella los días soleados y los pólenes, ¡benditos pólenes!, y el relajamiento progresivo de las medidas de confinamiento. Y comenzamos a salir, como zombis, de esa pesadilla y la actividad asistencial comenzó a florecer. Los pacientes nos llamaban porque querían saber cómo retomar sus dosis de vacunas de alergia, porque se habían dejado tal o cual estudio a medias, porque necesitaban que les ajustásemos el tratamiento, ahora que se permitía salir a pasear y “¡no vea Ud. cuánto estornudo cuando salgo a la calle!” o “necesito que me vea al niño que está fatal del asma”.

Pero, ¡cuidado!, porque el riesgo de contagio por el coronavirus no se ha marchado con el mal tiempo. Debemos ser prudentes y adoptar medidas de prevención. Ahora pedimos que se sigan unas instrucciones para acudir presencialmente a las citas y hemos hecho cambios:

  • Reducimos nuestro aforo: hemos reducido el número de médicos que pasan consulta simultáneamente para evitar la acumulación de personas en las salas de espera. Por el mismo motivo, hemos reducido el número de pacientes citados en la unidad de provocación con alimentos o medicamentos.
  • Reforzamos la higiene: hemos instalado dispensadores de soluciones hidroalcohólicas y revisado los procedimientos de limpieza del material en los actos enfermeros. También hemos reforzado la limpieza de las instalaciones.
  • Nos protegemos más: nuestros pacientes verán las ya clásicas pantallas de protección en el puesto de recepción, aunque no podrán vernos la sonrisa porque nos la tapará la mascarilla (a veces doble), pero se intuirá por nuestra mirada; el contacto de la piel al poner la dosis de vacuna será más frío por los guantes interpuestos. Pero todavía hoy sigue siendo difícil adquirir material de higiene y protección y a unos precios desorbitados.
  • Hemos reanudado ya todos los actos médicos y enfermeros: de acuerdo con el documento de reanudación de la actividad en las consultas de Alergología de la SEAIC, hemos revisado nuestros procedimientos para prevenir el contagio de los pacientes y del personal sanitario.
  • Seguimos apostando por la telemedicina: la experiencia previa con las video-consultas nos sirvió de entrenamiento; la experiencia con consultas telefónicas durante el Estado de Alarma nos ha mostrado que, en muchos casos, incluso para primeras consultas y sobre todo para consultas de resultados diagnósticos, la atención médica puede realizarse a distancia, sin necesidad de la visita presencial del paciente. Por ello, hemos incorporado de forma estructural agendas de consulta telefónica para cada médico. Esto, junto con las nuevas herramientas informáticas, nos está permitiendo atender a más pacientes y reducir las listas de espera.

Cambios… algunos pasarán y otros se quedarán, nos guste o no; porque, si alguna lección positiva tenemos que sacar de esta crisis, ésta es la necesidad de aprender a adaptarse a las nuevas situaciones y a ser pacientes, en el sentido más amplio del término.

Por lo demás, mantenemos nuestra pasión por la Alergología y nuestro compromiso de servicio a las personas con enfermedades alérgicas.

                  Dr. Pedro Ojeda
Clínica de Asma y Alergia Dres. Ojeda

La doctora Elena Alonso Lebrero, especialista en alergia, en pediatría y médico puericultor, reflexiona para AEPNAA sobre cómo se ha de realizar la introducción a la alimentación complementaria en cualquier niño, así como las consideraciones que se han de tener en cuenta en caso de que éste sea alérgico a la leche.

PARTE I. Introducción a la alimentación complementaria para cualquier niño.

Generalidades.

¿QUE ES LA ALIMENTACION COMPLEMENTARIA?

La única alimentación que resulta imprescindible para todos los mamíferos, incluido el ser humano, es la leche durante los primeros meses de vida. Si no fuera posible realizar la lactancia natural o materna existen preparados, mal llamados leche, que son fórmulas apropiadas para la nutrición de los lactantes.

Según va avanzando el desarrollo del niño, la leche va resultando insuficiente para un crecimiento que debe ir en aumento y se necesitan otros nutrientes. Los seres humanos somos omnívoros, necesitamos tomar alimentos variados para asegurarnos de ingerir todos los elementos necesarios, hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales, ácidos grasos, etc.

¿CUÁNDO SE COMIENZA A OFRECER ALIMENTOS DISTINTOS DE LA LECHE?

No existen normas estrictas, puede realizarse alrededor de los 6 meses, pero siempre adaptándose a la maduración del niño. Para comenzar a tomar alimentos espesos con cuchara conviene que se pueda sostener sentado, aunque sea con ayuda, y que aprendan a abrir la boca sin empujar los alimentos hacia fuera con la lengua como sucede al succionar. Algunos bebés son rápidos y tienen interés por la comida de sus padres. Otros son más lentos. Conviene atender a su maduración e interés y favorecerlo.

¿EN QUÉ ORDEN SE INTRODUCEN LOS ALIMENTOS?

El orden es indiferente. En cada cultura o región hay costumbres alimentarias diferentes. Estos nuevos nutrientes “complementan” a la leche materna o al preparado para lactantes. Se introducirá uno o como mucho dos sabores nuevos cada semana. Se trata de educar el sentido del gusto a nuevos sabores.

En nuestro medio cultural se introducen progresivamente: cereales, verduras incluyendo harinosas y de hoja, frutas, legumbres, carnes, huevo, pescado. etc. Conviene comprobar que los alimentos son bien tolerados, repitiéndolos varios días en cantidades crecientes.

¿CÓMO OFRECER LOS NUEVOS ALIMENTOS?

En una primera etapa se ofrece el alimento triturado, y posteriormente con textura más gruesa. El que esté triturado no implica que se tome con biberón. Es lo más rápido pero no lo mejor.

Entre los 4 y los 7 meses los lactantes aprenden a abrir la boca para comer de una cuchara. Deben siempre estar incorporados. El niño debe ir aprendiendo poco a poco nuevas formas de alimentarse (con cuchara, con los dedos…). También pueden aprender a beber en vaso con cuidado. Es lo mejor para darles agua.

A los 8-10 meses intentan coger trocitos de comida y llevárselos a la boca. Ya pueden roer y masticar. No importa si tienen dientes o no. Ablandan el alimento con la saliva y lo aplastan con las encías. Debe estimularse la masticación con alimentos blandos: patatas, arroz, pan, galletas, verduras cocidas, etc. Es buena idea permitir que coman algunos alimentos con sus propios dedos antes de coger y manejar ellos la cuchara. Para un adulto resulta sucio y lento, pero así se permite al niño adquirir habilidades y desarrollar autonomía.

En general y aunque los padres suelen pedir consejo al pediatra para la introducción de la alimentación de sus hijos, el proceso de alimentar a los niños se rige por costumbres familiares, sentido común e higiene. No es imprescindible que sea guiada por un médico a menos que se trate de una familia muy inexperta. Actualmente muchos padres no han vivido la experiencia de criarse con hermanos o primos o no disponen de mayores con práctica en crianza y en estos casos debe recurrirse a atención médica. Igualmente debe consultarse si surge algún problema o el niño presenta necesidades especiales.

A partir del año de vida, sin que haya que ser estrictos, el niño debe incorporarse a la comida que consuman sus padres adaptándola en textura, grasa y condimentos para cada edad.

 

PARTE II. Mi hijo/a es alérgico/a a leche, ¿cómo continúo con otros alimentos?

En condiciones generales se actuará como con cualquier otro niño, observando cuidadosamente que esté bien, que tolera bien la fórmula especial para lactantes alérgicos y que la toma con gusto. Aunque hace unos años se aconsejaba así, no es necesario posponer la introducción de otros alimentos. Las recomendaciones restrictivas para los considerados “niños de riesgo de alergia” están siendo reconsideradas a la baja.

En ocasiones, aunque su realización no es ni mucho menos imprescindible, al paciente alérgico a leche se le realiza un estudio alérgico a alimentos que no ha probado nunca anteriormente. La positividad de estas pruebas solo indica sensibilización, no alergia y el alimento se introducirá según lo recomiende el profesional que le controle.

Si presenta dermatitis atópica se cuidará la piel con emolientes e incluyendo con especial cuidado la zona de alrededor de la boca, barbilla y cuello. Siempre se lavarán los labios y las manos después de las comidas y se volverá a aplicar crema. La dermatitis debe estar estable para introducir nuevos alimentos.

Se ofrecerá primero una cantidad del alimento nuevo de aproximadamente ¼ o ½ de la cantidad normal para la edad y se aumentará a lo largo de varios días. Si se presenta algún problema que, por la experiencia sufrida, la familia ya sabe identificar como alérgico, se suspenderá el alimento y se consultará al pediatra. Si esto no es posible se pospondrá la reintroducción pero tras la normalización de síntomas se puede continuar con otro tipo de alimento. No hay que olvidar que uno de los objetivos de la introducción paulatina y lenta de los alimentos es acostumbrar al paladar infantil a nuevos sabores y nuevas texturas y eso es más importante que el orden.

Lo habitual en nuestra cultura es comenzar por los cereales que suelen ser bien tolerados. A continuación se suele introducir fruta y vegetales con carnes. Los niños alérgicos a leche y/o huevo toleran habitualmente carnes de mamíferos y aves muy cocinadas tal y como las consumen a estas edades. Muchas pruebas analíticas pueden resultar engañosas (son falsos positivos) y los alérgicos a leche toleran bien carne de ternera y vaca salvo de forma absolutamente excepcional.

Los vegetales de hoja y raíces (patata, zanahoria, etc.) son habitualmente bien tolerados. Entre las frutas consumidas en nuestro país las que más alergias causan son las de tipo melocotón, así que se introducirá en primer lugar naranja, manzana y pera, mejor por separado, y pueden ir acompañadas de cereales y fórmula para lactantes alérgicos. Además estas frutas están disponibles todo el año, no como las estacionales. El plátano se introducirá cuando se haya comprobado la tolerancia de la papilla de las otras frutas.

Las legumbres, entre las que están los guisantes, y las legumbres secas como lenteja, judía y garbanzo pueden ser causa de alergia pero son una buena fuente proteica. La mejor tolerada es la judía (cualquier clase) y pese a su fama de indigesta puede ofrecerse triturada, sin hollejos y mezclada con otros vegetales o carnes. Algunos guisos de legumbres que se cuecen mucho, contienen más proteínas en el caldo que en la propia semilla. Así algunos niños toleran una pequeña cantidad de garbanzos pero no su caldo. En este caso es mejor evitar ambos. En nuestro país la legumbre que provoca más alergia es la lenteja y el guisante por lo que se pospondrá al último lugar.

El huevo es una excelente y muy económica fuente de proteínas y en nuestro país su consumo es muy alto. Por costumbre suele introducirse alrededor de los 12 meses pero no existen más límites que el sentido común y el hecho de que hay que comenzar lentamente y espaciando los distintos sabores y texturas. Se introducirá siempre cocido (huevo duro) por ser menos alergénico. En niños la yema es habitualmente bien tolerada y puede administrarse en primer lugar. La clara, que representa el 60% del peso del huevo, es la parte más nutritiva y debe administrarse en niños de “riesgo alérgico” siempre muy cocida y de forma creciente, comenzando por ¼ de huevo y llegando al huevo completo a lo largo de varios días. Puede incorporarse a los purés de verduras como complemento proteico. El huevo poco cocinado se pospondrá pero, si el huevo duro es bien tolerado, algunas formas gastronómicas como tortilla pueden introducirse varias semanas después, siempre muy cocinadas (muy secas). Si todo va bien se probarán más adelante (varias semanas) preparaciones menos hechas. Recuerde que no tenemos prisa. El huevo crudo o semilíquido debe evitarse en estas edades por razones microbiológicas.

Si tolera el huevo cocido, pero no el poco cocinado, no lo retire de la dieta pero tenga cuidado de que esté siempre muy cocido. En su domicilio continúe con huevo duro y en las comidas que no pueda controlar es mejor simplemente evitarlo.

Tradicionalmente el huevo se introducía en la dieta en forma de galletas, es decir muy cocinado, en una masa harinosa y en muy pequeñas cantidades. Estas prácticas tradicionales (la dieta de la abuela) se han ido perdiendo pero actualmente se baraja que lejos de ser perjudiciales pueden ser útiles para fomentar la tolerancia. De hecho, y siempre con supervisión, son empleadas por algunos equipos médicos, para realizar inmunoterapia tanto de huevo como de leche. Si su hijo está ya diagnosticado de alergia a leche o huevo no las introduzca por su cuenta.

Si el niño es alérgico a huevo, es decir, si ha presentado reacción adversa se ha establecido que es alergia mediada por IgE, se procederá con los demás alimentos como con cualquier otro niño, siempre con una introducción lenta y separando los nuevos elementos.

Otro alimento habitual en nuestra mesa es el pescado. Algunos pacientes toleran unos tipos de pescado pero no otros. No es rara la alergia aislada a pescados planos como el gallo, con buena tolerancia a pescados redondos. Los mejor tolerados desde el punto de vista alérgico son el atún, caballa y similares. El pescado y el marisco no guardan relación desde el punto de vista alergénico. Es decir, se puede ser alérgico a uno y no al otro.

El orden de introducción de pescado, huevo y legumbres es indiferente.

Los mariscos y los frutos secos son difíciles de comer para los niños pequeños, ya que pueden atragantarse. Nada impide tomarlos triturados y en algunas culturas, como la china, es tradicional la introducción de puré de cacahuete cocido. Como no es habitual en nuestra dieta adulta, no se aborda aquí.

Aunque actualmente no existen suficientes estudios que permitan una recomendación general, en los últimos años y solo basándose en los resultados de estudios observacionales, se comienza a proponer una introducción precoz de alimentos, incluso los considerados muy alergénicos o aquellos para los que se ha detectado sensibilización (que no alergia clínica). Esta práctica debe realizarse solo y exclusivamente por indicación médica y siempre bajo directa observación y control inmediato y posterior.

RESUMEN:

  • Se seguirán las mismas normas para todos alimentos: Pequeñas cantidades crecientes y repetidas hasta comprobar tolerancia.
  • Los alimentos tolerados se incorporarán a la dieta y se mantendrán con frecuencia.
  • El orden de introducción de pescado, huevo y legumbres es indiferente.

La Unidad de Alergia y Neumología Pediátrica del Hospital La Fe de Valencia, a través del Doctor Mazón, expone para AEPNAA sus principales recomendaciones con la vista puesta en los niños alérgicos a alimentos y látex en el contexto de la actual crisis sanitaria que atravesamos.

La pandemia por coronavirus SARS-Cov 2 ha sorprendido a todo el mundo y se va aprendiendo sobre ella poco a poco. La información publicada hasta el momento indica que las personas con asma y alergia no tienen riesgo aumentado, sino el mismo riesgo que las personas sin asma ni alergia, de infectarse por el virus y el mismo riesgo de que la enfermedad sea grave.

En el caso de los niños con alergias o asma el riesgo es el mismo que los niños sin alergia ni asma, es decir mucho más bajo que en adultos. Las normas generales de higiene y protección son las mismas en niños con alergia y asma que en los demás.

Se recomienda que los niños con asma, rinitis o dermatitis atópica, muy frecuentes en los niños con alergia a alimentos, sigan el mismo tratamiento que llevan habitualmente, sin cambios. Se ha visto, no en este coronavirus sino en otro tipo, que la medicación con corticoides inhalados, broncodilatadores o anticolinérgicos, frecuentes en el asma, no es perjudicial, sino que podría ser incluso beneficiosa y, por ello, se debe mantener sin cambios.

Los niños con alergia a alimentos han de continuar la dieta que están haciendo actualmente. Se producirán retrasos en pruebas de provocación en aquellos que estuviesen pendientes de realizar alguna, fuese para confirmar la alergia o para ver si la habían superado. Las Unidades de Alergia Pediátrica irán reprogramando esas pruebas según disponibilidad.

Los niños que se encuentran en proceso de desensibilización (=inducción de tolerancia oral) han de continuar tomando la cantidad de alimento que estuviesen tomando anteriormente. En caso de estar en la fase de ir aumentando han de contactar con la Unidad de Alergia Pediátrica correspondiente para ver si siguen el aumento. El hecho de mantenerse unas semanas o meses en una cantidad intermedia, sin llegar a la dosis objetivo, no es perjudicial para el éxito del procedimiento; supone un retraso, pero de ningún modo debe interrumpirse la toma de dicha cantidad.

Aquellos que están recibiendo anticuerpos monoclonales (omalizumab=Xolair; mepolizumab=Nucala, benralizumab=Fasenra) por asma o por alergia alimentaria no deben interrumpir ese tratamiento, sino contactar con su centro para continuarlo, sea en centro médico o en domicilio. No se debe interrumpir, pues ello aumentaría el riesgo de que su alergia se descompensase.

Las personas con alergia a látex han de extremar las precauciones de evitarlo, dado el uso masivo de guantes. Aunque muchos de estos son sin látex puede ser difícil averiguar de qué material están hechos. Han de usar, tanto ellas como sus contactos, guantes de vinilo o nitrilo, que probablemente tengan ya.

Arrancamos la semana con el testimonio de otra reputada profesional de la especialidad de alergología, que ha decidido analizar para AEPNAA cómo se ha de gestionar la alergia al látex en pleno combate contra el coronavirus. Tenemos el placer de contar con la doctora Victoria Cardona, Jefe de Sección de Alergología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, y Coordinadora de los Comités de Anafilaxia de la Sociedad Latinoamericana de Alergia, Asma e Inmunología y de la Organización Mundial de la Alergia. Este es su relato:

La alergia al látex es un problema que afecta de forma importante a quienes la sufren. Estos pacientes presentan reacciones inmediatas tras el contacto con productos fabricados con látex o por la inhalación de sus partículas. Estas reacciones consisten en urticaria, crisis de asma o reacciones anafilácticas. Estas últimas son las más graves, ya que son reacciones alérgicas generalizadas que afectan a la piel, al sistema respiratorio, al cardiovascular y/o al digestivo, y que en los casos más graves pueden comprometer la vida del individuo. Además, curiosamente, algunos pacientes alérgicos al látex pueden presentar reacciones alérgicas con algunos vegetales como el aguacate, el kiwi, el plátano o la castaña. Estas reacciones son debidas a que existen proteínas muy similares a los alérgenos del látex en estos alimentos y se produce lo que denominamos “reactividad cruzada”.

En los últimos años han disminuido los nuevos casos de alergia al látex, fundamentalmente debido a dos factores. El primero es que se han dejado de utilizar los guantes con polvo de forma generalizada; este polvo contenía moléculas de látex que quedaban suspendidas en el aire posibilitando su diseminación y, sobre todo, la posibilidad de que pudiera ser inhalado. El segundo es la progresiva sustitución por guantes manufacturados con materiales alternativos como son el nitrilo o el vinilo. Estos guantes, frecuentemente son de colores (azules o lilas) o semi-transparentes, a diferencia de los de látex que suelen ser de color beige. No obstante, siempre se debe comprobar el material con el cual están manufacturados para evitar errores.

Sin embargo, y a pesar de que van disminuyendo, aún existen personas que presentan alergia al látex. Es por ello que en estos momentos en que se ha generalizado el uso de guantes para protegernos de la posible contaminación por el virus SARS-COV-2, causante de la infección conocida como COVID-19, es probable que estas personas se sientan amenazadas por la posibilidad de entrar en contacto con partículas de látex de forma inadvertida. Es por ello que desde el Comité de Anafilaxia de la Sociedad Latinoamericana de Alergia, Asma e Inmunología, que engloba a especialistas de Alergología de España y América Latina, ha elaborado las siguientes recomendaciones para reducir la probabilidad de reacciones frente al látex:

  • Utilizar preferentemente guantes manufacturados con productos alternativas al látex (nitrilo, vinilo, etc.) por parte de la población general cuando salga a lugares públicos como transporte, comercios, etc.
  • Asegurarse que los centros sanitarios disponen de estos guantes sin látex, y en caso de requerirlo, zonas libres de látex.
  • Todos los profesionales sanitarios deberían preguntar a los pacientes sobre sus posibles antecedentes de alergia al látex.
  • Recordar que en caso de anafilaxia (reacción alérgica generalizada, que usualmente cursa con afectación cutánea, respiratoria, cardiovascular y/o digestiva), el tratamiento de elección es la adrenalina intramuscular en la cara lateral del muslo

 (Guía de Actuación en Anafilaxia GALAXIA o Guía de Actuación en Anafilaxia en Latinoamérica GALAXIA-LATAM).

Hoy contamos en nuestro blog con Begoña Arenas Tuzón, psiquiatra de niños y adolescentes, que ejerce su profesión desde su propia consulta privada. En esta ocasión Begoña ha querido reflexionar acerca de los niños que han sido diagnosticados de alergia a edades tempranas, haciendo hincapié en su mundo emocional. Estas son sus palabras:

Gracias a lo que me han ido enseñando tanto los niños a través de juegos, dibujos, palabras, como sus padres en su esfuerzo de comprenderles y ayudarles, he extraído una serie de ideas, algunas de las cuales creo que vale la pena compartir.

La primera es que cuando la primera crisis de alergia tiene lugar en la infancia, es importante entender en qué momento del desarrollo del niño ha tenido lugar. En mayor o menor medida, en una etapa en la que el psiquismo se está desarrollando al mismo tiempo que el cuerpo no deja de sufrir cambios, la crisis de alergia puede hacer que la percepción que va teniendo el niño acerca de sí mismo se vea “impactada” por una vivencia de vulnerabilidad. Y esto le lleve a relacionarse con el mundo, con los demás, con cierta inseguridad.

La segunda es que el niño no está solo ante todo esto, que sus padres (y por extensión el resto de adultos de referencia como profesores o padres de amigos), tienen una labor importante. Aquí se establece la difícil tarea de los padres de generar un equilibrio entre proteger a su hijo y que este confíe en el adulto y no sobreprotegerlo, favorecer que desarrolle su autonomía sin exigirle una sobre-adaptación. Y todo esto lidiando con el propio temor a las consecuencias de una nueva crisis.

La tercera es la importancia del juego simbólico, creativo, para poder expresar y elaborar toda esta conflictiva. Un recurso privilegiado para luchar contra el villano de turno que nos hace el favor de representar a la amenaza de muerte. Amenaza que en muchas ocasiones es difícil de expresar con palabras o incluso de pensar, pero que yace en lo profundo del mundo emocional de muchos niños que han experimentado crisis de alergia de diferentes intensidades. Muchas de ellas a edades en las que todavía no hay un aparato psíquico suficientemente desarrollado como para hacerse cargo de procesar las sensaciones que registra su cuerpo. En estos tiempos de pandemia, los niños pueden sentir que están reviviendo una situación personal pero a gran escala, esa vivencia de amenaza de muerte continuada, que ahora toma el nombre de coronavirus, y que en estos momentos es compartida con el resto de la sociedad, y posiblemente, mejor comprendida.

Quizá la última idea a modo de conclusión es que, además de la repercusión orgánica de la alergia, existe una implicación emocional, afectiva, merecedora de atención. Es decir, que del mismo modo que hay un desarrollo en lo corporal y diferentes factores que pueden afectarlo, hay todo un desarrollo en la esfera emocional, que puede verse interrumpido o alterado por diferentes motivos. Ambos desarrollos no son procesos totalmente independientes, si no que van de la mano, uno puede influir en el otro y viceversa. Es por ello que no hay que olvidarse de ninguna de las partes. Y como hemos visto, el movimiento emocional no ocurre solo en el niño, si no también en sus padres, quienes pueden encontrar en el juego un gran aliado para gestionar y comprender todo esto.

En línea con la serie de publicaciones que desde AEPNAA estamos emitiendo estos días con relación a las recomendaciones en tiempos de pandemia de diversos profesionales sanitarios, en esta ocasión contamos con la aportación del doctor Javier Contreras, alergólogo del Hospital Universitario La Paz de Madrid, miembro de SEAIC y SEICAP, y coordinador del Grupo de Educación en Asma y Alergia (EDUCASMA) y miembro del Comité Científico de AEPNAA. Estos son sus comentarios:

Además de las recomendaciones generales de distanciamiento social, lavado de manos, mascarillas, etc., las últimas indicaciones de la Iniciativa global para el Asma (GINA) hasta el 16 de abril son las siguientes:

  • Que los niños con asma, al igual que los adultos, deben continuar con sus medicamentos habituales prescritos por sumédico, incluyendo los corticoides inhalados.
  • Se debería evitar el uso de nebulizadores siempre que sea posible, debido a las pequeñas gotas de líquido que emiten al ambiente por el riesgo de propagación del virus a personas cercanas como familiares o profesionales sanitarios.
  • El dispositivo de inhalación preferente para tratar las crisis de asma debería ser el inhalador presurizado con cámara de inhalación. En niños mayores de 4 ó 5 años se usarán preferentemente cámaras con boquilla, mientras que las cámaras con mascarilla deben ser reservadas para niños menores de esa edad y personas discapacitadas que no puedan controlar la respiración.
  • Hay que tener un cuidado extremo con la limpieza de las cámaras de inhalación y los otros dispositivos, que en ningún caso serán compartidos.• En lo posible, se debería evitar la realización de espirometrías por la posibilidad de producir gotas de secreción con la espiración forzada y así reducir el riesgo de transmisión del virus. Si es absolutamente necesario hacerlas, se deben tomar medidas adecuadas y una limpieza exhaustiva del material.
  • Los pacientes con rinitis alérgica pueden seguir usando los antihistamínicos, esprays nasales y otros tratamientos indicados por su médico, incluyendo por supuesto los corticoides nasales.
  •  En las crisis de asma, también pueden utilizarse corticoides orales si fuese necesario y si está indicado en el Plan de Acción para el asma, para evitar consecuencias graves.
  • Y no olvidéis que lo más importante es que los niños con asma tengan sus síntomas bajo control, para ello es de gran utilidad la formación y educación sanitaria en habilidades de manejo de la enfermedad para que los padres seáis pacientes expertos o “padres expertos” en el manejo de la enfermedad de vuestros hijos.

AEPNAA sigue recabando testimonios de profesionales sanitarios, vinculados al universo de las alergias, con respecto a su vivencia en tiempos de pandemia. En esta ocasión es el turno de Juan Carlos Julià, pediatra en el Centro de Salud República Argentina de Valencia, experto en alergia infantil, y vocal de la Junta Directiva de SEICAP.

La Atención Primaria constituye la primera puerta de entrada del usuario al servicio sanitario, por este motivo seguimos manteniendo una actividad similar que antes de la pandemia, pero diferente. En estos momentos, en la situación de confinamiento que nos encontramos, la mayoría de las consultas son telefónicas o por medio de un mail que hemos habilitado para los pacientes. Aunque hay situaciones como las vacunaciones en los lactantes que se siguen realizando de modo habitual hasta los 4 meses siempre y hasta los 12 meses si las circunstancias del menor lo precisan. Estamos teniendo una respuesta muy positiva por parte de todas las familias, que comprenden la situación y se muestran muy colaboradoras.

El principal problema que nos hemos encontrado, sobre todo al principio de la pandemia, es no disponer del material de protección adecuado para la asistencia. Ahora ya estamos un poco mejor, pero seguimos sin tests para realizar. En el caso de los menores, cabe indicar el aislamiento que padece un paciente pediátrico sin la certeza diagnóstica que implica al perderse el control sobre los posibles contagios que se produzcan en el núcleo familiar donde padres y hermanos realizan un aislamiento a ciegas, sin datos fiables de contagios. Aunque afortunadamente los niños suelen ser asintomáticos o tener síntomas leves pueden estar en contacto con personas de riesgo y resulta difícil un aislamiento solo por medio de un diagnóstico clínico sin realizar tests.

En relación a los pacientes asmáticos y alérgicos hemos de recordar que no tienen más riesgo de sufrir COVID-19 que los niños sin alergia, por lo tanto, no son considerados de riesgo, aunque sí deben seguir las recomendaciones lanzadas para toda la población y protegerse para no contagiarse del nuevo coronavirus. En relación a la inmunoterapia (vacunas de la alergia), con el objeto de prevenir contagios y no saturar a los servicios sanitarios de hospitales y atención primaria, estamos recomendando retrasarlas hasta que la situación asistencial lo permita. Luego ya nos encargaremos de administrar las dosis convenientes según los casos.

AEPNAA sigue recabando testimonios de alergólogos españoles en estos difíciles momentos que estamos atravesando, con el COVID-19 como auténtico protagonista. En esta ocasión Mónica Antón, presidenta del grupo de Alergia Alimentaria de la SEAIC y alergóloga del Hospital Universitario del Vinalopó de Elche (Alicante), nos ha hecho llegar un comunicado en el que nos explica cómo están ejerciendo los alergólogos de la Comunidad Valenciana en este periodo.

Respecto a la situación de la pandemia que estamos sufriendo con COVID-19, los alergólogos de la Comunidad Valenciana estamos trabajando para que nuestros pacientes alérgicos no sufran ninguna consecuencia negativa por la infección, y continuamos trabajando de forma telemática poniéndonos en contacto con ellos, ya sea por teléfono o por los sistemas informáticos que cada hospital disponga para que nos puedan comunicar cómo se encuentran, la necesidad de tratamientos y su prescripción, y explicarles cómo vamos a ajustar los tratamientos de inmunoterapia que se han suspendido, siguiendo las indicaciones de SEAIC en su comunicado realizado tras el dictamen de las autoridades nacionales de quedarnos en casa. Sí que se están administrando todos aquellos tratamientos no demorables (inmunoterapia con himenópteros o tratamientos monoclonales) o desensibilizaciones con medicamentos quimioterápicos no sustituibles.

Además, muchos de nosotros estamos trabajando en las plantas de Medicina Interna con pacientes ingresados con infección COVID-19, dada la necesidad de nuestra participación en la valoración médica de estos pacientes. Toda ayuda es bien recibida por nuestros compañeros, y como médicos debemos colaborar conjuntamente.

La población alérgica, como se ha comunicado en diferentes ocasiones desde SEAIC, no es población que presente un riesgo mayor que el resto de población, pero debe seguir las medidas de evitación con más razón para poder ahorrarse posibles complicaciones, dado que éstas pueden ser mayores por su patología de base.

Aprovecho para recomendar a la población general y, sobre todo, a los pacientes alérgicos, a participar en la conferencia online gratuita que SEAIC realizará el próximo viernes 17 de abril a las 18:00 horas, en la que se hablará de cómo puede afectarnos COVID-19 a nuestra alergia o enfermedad respiratoria, y en la que médicos alergólogos y expertos podrán despejar todas las dudas que podamos presentar. Añado enlace para poder acceder a la reunión: https://mailchi.mp/d407e81e5d6d/conferencia-online-covid19-alergia-y-pacientes-respiratorios?e=630d436ee3

Aprovecho este comunicado, también, para agradecer la labor de todos los profesionales que en sus diferentes trabajos están ayudando a la población y poniendo su granito de arena, y enviar mucho ánimo a todos y mi sentido pésame a aquellos que hayan sufrido la pérdida de algún ser querido durante estos días tan complicados.

Mónica Antón

El personal sanitario español está ejerciendo una labor encomiable hoy más que nunca, sumidos como estamos en la gravísima crisis que ha generado el COVID-19. En la primera línea de batalla también se encuentran numerosos alergólogos conocidos entre la familia AEPNAA por su labor habitual contra la problemática de las alergias. Un notable ejemplo es el de Alicia Armentia Medina, Jefa de la Unidad de Alergología del Hospital Río Hortega de Valladolid. La doctora Armentia nos ha remitido una carta al respecto, que se resume de la siguiente forma:

Os envío un balance de la situación en nuestro hospital a fecha 3 de abril. Por mi parte, mantengo la actividad necesaria en el servicio de Alergia (asma y alergia alimentaria grave, inmunoterapia y alergia a fármacos), pero me han destinado con el grupo de paliativos y residencias. Y la situación de las personas mayores es terrible, a pesar de que hacemos denodados esfuerzos por atenderles como merecen.

He llamado a 2.400 de mis pacientes de Alergia, empezando por los más graves. Los asmas difíciles, todos con corticoides inhalados a altas dosis, los pacientes con corticoides inhalados por asma moderado, los niños en general, los inmunosuprimidos y los tratados con biológicos u otro tipo de inmunoterapia (polen, ácaros, hongos, himenópteros…). Ninguno de ellos está infectado, a pesar de tener contactos cercanos, lo que me ha llamado mucho la atención. Lo que tienen en común son los corticoides inhalados y un sistema inmune deficitario. Sin embargo, las personas más fuertes con respuestas inmunes contundentes caen.

Este coronavirus, como el virus sincitial respiratorio, parece seguir una vía inmune Th2, que es la misma que siguen los procesos alérgicos, por lo que puede haber una competencia que favorezca o proteja a las personas atópicas, aunque esto habría que estudiarlo bien, es sólo una suposición mía. También estarían más defendidas las personas que padecen parasitosis y así lo espero en el caso de países con sanidad no desarrollada.

Todo lo que os he contado es como veis muy empírico y subjetivo. Cuando tenga tiempo, y en base a la experiencia haremos estudios científicos reglados.

Un abrazo y muchos ánimos a todos.

Es AEPNAA la que agradece a la doctora Armentia haberse tomado la molestia de restar aún más minutos de su preciado tiempo para escribir estas reflexiones y, ante todo, por estar ejerciendo su trabajo con tamaña entrega.

La doctora ha aprovechado para recordarnos las recomendaciones de la SEAIC en cuanto a inmunoterapia y pautas de desensibilización con alimentos:

  • La suspensión de todas las consultas y pruebas diagnósticas en Alergología que no sean prioritarias o urgentes. En nuestra Unidad de Alergia del HURH y en los centros que así lo dispongan, se puede contemplar la realización de consultas telefónicas y/o por telemedicina. También estamos poniendo la inmunoterapia de riesgo (himenópteros, ciertas mezclas complejas, LTPs para anafilaxias) y los biológicos (nivel 2, puerta 211-213).
  • Retrasar la administración de dosis de inmunoterapia específica inyectada con alérgenos respiratorios (polen, hongos, ácaros, etc.) atendiendo a las necesidades terapéuticas del paciente. Los pacientes con dosis de mantenimiento, realizar la pauta cada 60 días, para evitar recomenzar de nuevo la vacuna. Si la crisis continúa, cada 90 días, pero bajando la dosis a la mitad.
  • Retrasar la administración de dosis de medicamentos biológicos atendiendo a las necesidades terapéuticas del paciente. Se debe considerar la posibilidad de facilitar la dispensación de medicamento para que el paciente se auto-administre en su domicilio.
  • Demorar el inicio de tratamientos de desensibilización (inmunoterapia oral) con alimentos. En aquellos pacientes que estén en proceso de desensibilización, mantenerse en la última dosis estable tolerada por el paciente y suspender el incremento de dosis para evitar la posibilidad de reacciones que pudieran motivar visitas a urgencias.

Valencia, 30 de marzo de 2020

El otro día una compañera de la asociación de los tiempos en los que mis hijos tenían alergia alimentaria recordaba la odisea que era hacer la ruta de los diferentes supermercados, tiendas de alimentación especial, herbolarios… a veces recorriendo kilómetros y diferentes establecimientos solo para encontrar alimentos aptos para todas las alergias en casa, y se preguntaba cómo lo estarían pasando las familias con alergia alimentaria durante esta pandemia, con la limitación de movimientos y escasez de productos que supone.

Hoy en día hay algo más de facilidades para encontrar alimentos sin alérgenos, pero no deja de ser complicado, sobre todo cuando hay más de una o dos alergias diferentes en casa. Peor debe de ser en tiempos de pandemia, ya sea porque, ante la escasez de otros, más gente compre los productos sin alérgenos habituales para muchas familias, ya sea porque los productores prefieran centrarse ahora en otros productos de primera necesidad para la mayoría de los consumidores, y se olviden (esperemos que no) de que algunos son de primera necesidad para el colectivo con alergias, intolerancias, celiaquía, etc. (lácteos vegetales, productos sin gluten, sin lactosa, sin proteína de la leche, sin huevo, etc.)

La verdad es que la reflexión de mi compañera me hizo ponerme de nuevo en la piel de los afectados (aunque es algo que nunca se olvida), y en un momento en el que todos somos conscientes de la importancia de la salud colectiva y la solidaridad entre los seres humanos, creo que sería un error no tratar de aprender algo de esta situación. En lo que respecta a la problemática del colectivo con alergia a alimentos, hay muchos paralelismos de los que podemos, sin restar un ápice de gravedad a una pandemia que todos sufrimos y que nos deja miles de contagiados, aislados y fallecidos en solitario, extraer enseñanzas para comprender mejor lo que viven estas familias en el día a día. Hay que recordar que las alergias alimentarias no solo se han doblado en pocos años (hasta un 8% de la población infantil y entre el 3-4% de los adultos), sino que han aumentado también en gravedad y número de alergias por persona*.

Quizás, en un mundo consciente de las precauciones que hay que tomar para evitar contagiar y ser contagiado del virus, se pueda entender un poco mejor lo que significa evitar un alérgeno (o múltiples) en el día a día y durante años, o incluso toda la vida, teniendo en cuenta que la reacción alérgica, que puede llegar a ser incluso mortal, puede desencadenarse no solo por ingesta, sino también por contacto o inhalación de partículas y trazas del alérgeno. Porque aún a día de hoy, a pesar de los avances científicos, evitar el alérgeno sigue siendo el único tratamiento 100% eficaz.

Quizás, en un mundo en el que no dejamos salir a nuestros mayores de casa, ni los visitamos salvo necesidad por ser uno de los grupos de mayor riesgo, se pueda entender y empatizar un poco más con esa “sobreprotección” que se supone que ejercen las madres de niños con alergia alimentaria, sean o no casos graves (porque a ninguna madre -ni padre- le gusta ver a sus hijos enfermar, bien sea por una urticaria, un cólico, unos vómitos, una diarrea crónica, bien llegue a ser algo más grave o incluso de extrema gravedad como un choque anafiláctico, con riesgo de muerte inmediata.

Quizás, en un mundo con escuelas, parques, restaurantes, centros de ocio… cerrados por prevención, se entienda mejor por qué las madres de niños con alergia alimentaria no íbamos nunca a restaurantes (o íbamos con el táper y mirando con cien ojos cada contacto entre los comensales y nuestros hijos), íbamos por los parques limpiando columpios con toallitas húmedas antes de que nuestros hijos los compartieran con otros niños que habían merendado el alérgeno, o simplemente evitábamos ir al parque en horas de merienda; por qué pasábamos horas leyendo etiquetas de alimentos y productos de higiene en el supermercado o buscando información y productos aptos en internet, o por qué siempre preguntábamos si el material escolar contenía alérgenos o cada actividad del colegio tenía en cuenta el problema de nuestros hijos o no (y nos decían aquello de “por un niño no se van a fastidiar todos los demás” ).

Quizás, en un mundo en el que nos molesta que mientras nosotros estamos encerrados en casa, otros se salten las normas y anden paseando por la calle sin aparente justificación, se entienda mejor por qué nos entristecía ver a nuestros hijos salir ilusionados del cole, de la actividad extraescolar o deportiva con una bolsita de chuches de un cumpleaños u otra celebración, y tener que quitárselas o cambiárselas por otras aptas si nos habían avisado, o por qué nos molestaba que se programaran excursiones y actividades que no les tenían en cuenta, y teníamos que insistir hasta conseguir que se adaptara y pudiera ir, o si no podíamos asumir el riesgo, decidíamos con pena  dejarle en casa y a cambio organizar nuestra propia actividad o excursión.

En un mundo en el que debemos todos extremar la higiene fuera y dentro de casa para evitar el contagio propio o ajeno, y no podemos tocar nada en casa al llegar hasta que nos lavamos las manos, porque el virus puede estar en cualquier lugar, incluso superficies de productos y objetos que tocamos en el supermercado, la escalera, el ascensor…, quizás se entienda mejor qué es eso de la “contaminación cruzada”, de las “trazas”, de lavarse las manos y no fiarse de los guantes si no seguimos las mismas normas de higiene que sin ellos, de usar aceite limpio, utensilios limpios o exclusivos para la comida sin alérgenos, o incluso de que no entre en casa nada que contenga el alérgeno, en algunos casos. Igual que evitamos el contacto con un virus tan contagioso, evitan las familias con alergia alimentaria sus alérgenos en el día a día, desde el diagnóstico y algunos como modo de vida durante años o para siempre.

En un mundo en el que todos queremos mascarillas y guantes para no inhalar ni tocar el virus, o evitar transmitirlo a alguien, aun cuando las autoridades sanitarias dicen que solo es necesario para los enfermos y el personal que les atiende, en un mundo en el que surgen maravillosas iniciativas de fabricar mascarillas ante la escasez de recursosquizás se entienda mejor por qué hay personas con alergia al pescado o al marisco que tienen que evitar pasar al lado de una pescadería o la cocina de un restaurante para no tener dificultad respiratoria solo por el olor, o por qué las personas en riesgo de anafilaxia deben tener siempre a su alcance el autoinyector de adrenalina y quedan desprotegidas cuando hay desabastecimiento o cuando sus cuidadores o personas cercanas no saben o se niegan a aprender a manejarlo.

En un mundo en el que nuestros niños no pueden salir a la calle porque son transmisores asintomáticos del virus, y no dejamos salir a los abuelos de casa por miedo a que se contagienquizás se entienda mejor por qué dejábamos a veces a nuestros niños sin parque, sin excursión, sin cumpleaños de amigos, por qué no les dejábamos quedarse en casa o en compañía no supervisada de un familiar o amigo que nunca se molestó en saber cómo evitar sus alérgenos o usar la adrenalina inyectable en  caso de reacción (porque era “nuestro problema”, no el suyo).

En un mundo en el que surgen tantas y tantas iniciativas solidarias de ayuda mutua, en el que extremamos las medidas de higiene hasta el punto de difundir bulos con medidas de prevención que van más allá de las recomendadas por los expertos, en un mundo en el que a la vez protestamos cuando no se hacen las cosas bien y se pone en riesgo la salud colectiva… quiero creer que, al fin, la empatía y la solidaridad entre los seres humanos se hará tan contagiosa como el virus y, algún día, las personas con alergias alimentarias y sus familias dejaremos de sentirnos juzgadas por ser exageradas, maniáticas y exigentes con los demás. Quiero creer que, al fin, todos seremos más empáticos con el problema del otro y uniremos nuestros esfuerzos para un mundo mejor.

“Que la empatía se haga contagiosa, y que no tenga cura”

 

M. Pilar Hernández Sacristán
Voluntaria y expresidenta de AEPNAA

*Declaración pública sobre alergia a alimentos y anafilaxia de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI, 2013)