Alerta alimentaria

La AESAN informa de presencia de almendra en yogur con muesli procedente de España.

  • Nombre del producto: Yogur Bífidus Trozos Muesli y Fibra.
  • Marca: Alteza.
  • Aspecto del producto: Pack de 4 envases de 125 g cada uno.
  • Fechas de consumo preferente: 10/02/2026, 17/02/2026, 23/02/2026, 04/03/2026, 09/03/206, 17/03/2026, 24/03/2026 y 30/03/2026.
  • Peso de unidad/vol.: 500 g (pack de 4 envases de 125 g cada uno).
  • Temperatura: Refrigerado

https://goo.su/zMsizwW

 

Alerta alimentaria

La AESAN informa de presencia de leche no declarada en el etiquetado de biscotes procedentes de España.

  • Nombre del producto: Biscotes.
  • Marca comercial: PROCELI.
  • Aspecto del producto y tipo de envase: caja de cartón.
  • Números de lote: lotes comprendidos entre el lote 254801 con fecha de consumo preferente 22/06/2026 y lote 260805 con fecha de consumo preferente 18/09/2026.
  • Peso de la unidad: 150 g.
  • Temperatura:  ambiente.

https://goo.su/DBL6

Alérgenos en salsas
La AESAN informa de posible presencia de alérgenos en uno de los ingredientes (caldo de pollo), no incluidos en el etiquetado, en salsa brava de la marca Martínez.
Y también de presencia de sulfitos no incluidos en el etiquetado en de las salsas picantes: Cayena, Scorpion amarillo, Scorpion rojo, Chipotle, Ghost y Habanero de la marca Martínez.

 

Sulfitos en azúcar de coco

La AESAN ha publicado una nueva alerta presencia de sulfitos no declarados en azúcar de coco procedente de España. Los datos del producto afectado son 👇

Nombre del producto: azúcar de coco sin refinar.

Marca: Auchan.

Aspecto del producto: bolsa de plástico.

Número de lote: L /1004BE.

Peso de unidad: 500 g.

Temperatura: ambiente.

Alergia alimentaria en adultos

Un reciente estudio realizado en una amplia cohorte de pacientes adultos atendidos en un hospital de Países Bajos confirma algo que cada vez se observa más en consulta: la alergia alimentaria es diversa, cambiante y no se limita a los alérgenos más conocidos.

El trabajo identifica casi 200 alimentos implicados en reacciones compatibles con alergia, con un papel especialmente relevante de frutas, frutos secos, legumbres y semillas. Además, muestra que la gravedad de las reacciones no se restringe a unos pocos alimentos tradicionalmente considerados de alto riesgo.

Aunque se trata de un estudio retrospectivo realizado en un entorno hospitalario especializado —por lo que sus resultados no pueden interpretarse como prevalencias poblacionales—, ofrece una fotografía muy útil de lo que está ocurriendo en la práctica clínica real.

¿Qué nos dicen estos datos?

Algunas ideas clave que se desprenden del estudio:

  • Casi cualquier alimento puede estar implicado en una reacción alérgica, no solo los 8 grandes alérgenos clásicos o los 14 regulados en la UE.
  • En adultos europeos, frutas, frutos secos, legumbres y semillas tienen un peso especialmente importante.
  • La gravedad no es exclusiva de unos pocos alimentos: determinadas frutas (incluidas algunas tropicales) y semillas pueden asociarse a reacciones graves en personas sensibilizadas.
  • No todas las legumbres se comportan igual: el riesgo puede variar entre cacahuete, distintas judías o productos de soja según su grado de procesamiento.
  • El etiquetado obligatorio es fundamental, pero no cubre todos los alimentos capaces de provocar reacciones importantes.

¿Qué implica esto para pacientes y familias?

En la práctica diaria, estos datos refuerzan varios mensajes importantes:

  • Ante la sospecha de alergia a un alimento, es esencial acudir al alergólogo.
  • Las pruebas diagnósticas (prick test, IgE específica, estudio de componentes moleculares) son herramientas útiles, pero no siempre existen para todos los alimentos y pueden dar resultados falsamente negativos.
  • En algunos casos, la prueba de referencia sigue siendo la provocación oral controlada, realizada en un entorno sanitario.
  • Las personas con alergias moderadas o graves deben contar con un plan de acción individualizado y, cuando esté indicado, disponer de medicación de rescate, incluida adrenalina.

Un mensaje claro: diversidad, prevención e investigación

Para AEPNAA, este estudio refuerza tres líneas fundamentales de trabajo:

  • La necesidad de mejor información y etiquetado claro.
  • Más investigación en alimentos emergentes, como frutas exóticas, semillas o nuevas fuentes de proteína vegetal.
  • Un mejor acceso a los servicios de alergología, que permita una valoración individualizada y rigurosa en cada caso.

La alergia alimentaria no es una realidad estática ni limitada a unos pocos productos. Es diversa, evoluciona y exige información, formación y sistemas sanitarios preparados para dar respuesta.

Etiquetado Sin gluten erróneo

Los datos del producto sin etiquetado específico “sin gluten” son:

Nombre del producto: Dubai mochi pistachio kunafa flavor
Nombre de marca: Qlove Japanese Style
Aspecto del producto: envasado en caja de cartón
Número de lote: todos los que incluyan la leyenda “GLUTEN FREE”
Peso de unidad: 168 g
Temperatura: ambiente
Se puede consultar toda la información relativa a esta alerta en la página web de la AESAN.

 

 

Etiquetado Sin gluten erróneo

Etiquetado Sin gluten erróneo

Alerta en chocolate Toblerone

Los datos del producto implicado son:

Nombre del producto: Chocolate negro con “nougat” 10% de miel y almendras.
Marca: Toblerone.
Número de lote OOY3154711 con fecha de consumo preferente 20/05/2027 y número de lote OOY3155111 con fecha de consumo preferente 17/06/2027.
Peso de unidad: 360 g.
Temperatura: ambiente.
Se puede consultar más información en la web de AESAN, en este enlace.

Consejos para un Carnaval seguro

El Carnaval es una fiesta esperada por muchos niños y niñas: disfraces, juegos, música y celebraciones en el cole, en casa o en la calle. Sin embargo, para las familias con alergias alimentarias, también puede ser un momento de alerta extra si no se toman ciertas precauciones.

Desde AEPNAA queremos recordar que disfrutar del Carnaval con seguridad es posible, siempre que se anticipe, se informe y se cuide cada detalle.

Alimentación: el mayor foco de riesgo

En las fiestas de Carnaval es habitual que aparezcan caramelos, dulces, meriendas compartidas o alimentos caseros sin etiquetar. Para evitar sustos:

  • No compartir comida bajo ningún concepto, aunque parezca “segura”.
  • Leer siempre el etiquetado de golosinas y snacks: muchos contienen o pueden contener trazas de leche, huevo, frutos secos, soja u otros alérgenos.
  • Llevar alternativas propias desde casa, para que el niño o la niña tenga opciones seguras y no se sienta excluido.
  • En celebraciones colectivas, priorizar actividades que no giren en torno a la comida (juegos, talleres, concursos de disfraces).

Una buena idea es el llamado “cambio de dulces”: si reciben alimentos que no pueden consumir, se sustituyen después por opciones seguras.

Disfraces, maquillaje y máscaras: ojo a los materiales

No todo el riesgo está en la comida. Algunos elementos típicos del Carnaval también pueden provocar reacciones:

  • Revisar etiquetas de disfraces y complementos: algunos adornos pueden contener látex.
  • Lavar el disfraz antes de usarlo, especialmente en niños con alergias cutáneas o respiratorias, para eliminar restos químicos o ácaros.
  • Usar maquillaje hipoalergénico y hacer siempre una pequeña prueba previa en la piel.
  • Evitar purpurinas, pestañas postizas o productos que puedan irritar ojos y vías respiratorias.
  • Cuidado con las máscaras completas, sobre todo en niños con asma o alergias respiratorias: deben permitir respirar con normalidad.

Comunicación y prevención: claves para la tranquilidad

  • Informar siempre al entorno: profesorado, monitores, familias anfitrionas o responsables de la actividad deben conocer la alergia y cómo actuar ante una reacción.
  • Llevar siempre la medicación de rescate, incluida la adrenalina si está prescrita, y asegurarse de que no se queda olvidada.
  • Supervisión activa, especialmente en fiestas con muchos niños y estímulos.
  • Fomentar el lavado de manos frecuente para reducir riesgos de contaminación cruzada.

Celebrar también es cuidar

El Carnaval puede y debe ser una fiesta inclusiva. Con información, empatía y organización, ningún niño o niña debería quedarse al margen por una alergia alimentaria.

Desde AEPNAA animamos a familias, centros educativos y organizadores a convertir estas celebraciones en espacios seguros, conscientes y respetuosos, donde la diversión vaya siempre de la mano de la prevención.

Porque la alegría del Carnaval es mucho mayor cuando se vive con tranquilidad.

Menores con alergias

Garantizar que un centro educativo pueda responder con rapidez y seguridad ante una reacción alérgica grave puede salvar vidas. Con esta premisa, en AEPNAA hemos iniciado una ronda institucional por las comunidades autónomas para reclamar la implantación de protocolos efectivos y homogéneos que protejan al alumnado con alergias alimentarias y al látex en el entorno escolar.

Madrid inaugura la ronda institucional

El arranque de esta ronda ha tenido lugar en la Comunidad de Madrid, donde el presidente de AEPNAA, Ángel Sánchez, ha mantenido una reunión con el director general de Educación Infantil, Primaria y Especial. En este encuentro, hemos solicitado la adopción de medidas claras y operativas que permitan a los centros educativos actuar con seguridad ante emergencias alérgicas.

Y también una reunión con la Consejería de Sanidad madrileña, subrayando la importancia de una coordinación efectiva entre las áreas de Educación y Sanidad para que la protección del alumnado sea real y no dependa de iniciativas aisladas.

Anafilaxia: una emergencia que requiere respuesta inmediata

Desde AEPNAA recordamos que la anafilaxia es una reacción alérgica grave, de aparición súbita y potencialmente mortal, cuya atención eficaz depende de una actuación inmediata. Por ello, los colegios y otros espacios donde los menores pasan gran parte de su tiempo deben estar preparados, formados y dotados de los recursos necesarios, incluida la disponibilidad de autoinyectores de adrenalina y protocolos de actuación conocidos por el personal.

Un reto creciente de salud pública

España está viviendo un aumento significativo de las enfermedades alérgicas. Según los datos disponibles, la prevalencia de la anafilaxia podría alcanzar hasta el 2% de la población, lo que convierte esta patología en un reto creciente de salud pública, especialmente preocupante en el caso de los menores.

En AEPNAA insistimos en que corresponde a los gobiernos autonómicos, en el marco de sus competencias, desarrollar un marco legal claro y homogéneo que garantice la protección del alumnado con alergias graves, evitando desigualdades entre comunidades.

Próximas reuniones en otras comunidades

Tras el encuentro en Madrid, la ronda institucional continuará en otras comunidades autónomas. Baleares, Asturias y Cantabria serán las siguientes paradas, y posteriormente se sucederán nuevas reuniones con responsables autonómicos para trasladar las mismas demandas: prevención, formación, recursos y protocolos comunes.

Esta iniciativa se enmarca en el reciente respaldo institucional recibido por parte del Congreso de los Diputados, que aprobó por unanimidad y publicó en su Boletín Oficial una declaración institucional por el Día Mundial de la Anafilaxia, instando a los poderes públicos a reforzar la concienciación, la prevención y la respuesta ante emergencias alérgicas, especialmente en el ámbito educativo.

“No podemos perder ni un minuto más. Las alergias están creciendo y, con ellas, los casos de anafilaxia. El respaldo del Congreso es importante, pero ahora debemos pasar de las palabras a los hechos y lograr que las comunidades autónomas implanten protocolos que garanticen que los colegios puedan afrontar con seguridad estas emergencias”, ha señalado el presidente de AEPNAA, Ángel Sánchez.

Desde nuestra Asociación seguiremos trabajando para que esta ronda institucional se traduzca en medidas concretas que garanticen la seguridad y la vida de los menores con alergias en todos los centros educativos, vivan donde vivan.

Anafilaxia en vuelo

Viajar en avión forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, un reciente estudio internacional publicado en JAMA Network Open recuerda que los eventos médicos en vuelo son más frecuentes de lo que solemos pensar y que, entre ellos, las reacciones anafilácticas representan una situación de especial riesgo para las personas con alergia alimentaria.

El estudio analizó 77.790 emergencias médicas ocurridas a bordo de aviones comerciales de 84 aerolíneas entre 2022 y 2023. Los datos son contundentes: se produce una emergencia médica cada 212 vuelos, y aunque la mayoría son de baja gravedad, algunas ponen en riesgo inmediato la vida de la persona afectada.

¿Dónde queda la anafilaxia?

Las reacciones alérgicas graves no son las más frecuentes, pero sí están entre las que con mayor probabilidad llevan a un aterrizaje de emergencia. Según el estudio, los episodios de anafilaxia multiplican la probabilidad de desvío del avión, una cifra comparable a la de otras emergencias graves como convulsiones o alteraciones neurológicas.

Esto no es un dato menor. En un entorno cerrado, a miles de metros de altura, con recursos médicos limitados y acceso retardado a atención hospitalaria, una anafilaxia puede evolucionar de forma muy rápida. La administración precoz de adrenalina es clave, pero no siempre está garantizada ni en tiempo ni en forma.

Volar no debería aumentar el riesgo

Las personas con alergia alimentaria —y especialmente quienes tienen riesgo de anafilaxia— no deberían asumir que volar implica un peligro añadido inevitable. Y, sin embargo, hoy por hoy, en muchos países (incluida España) las medidas preventivas durante el embarque y el vuelo son escasas, desiguales o inexistentes, y dependen en gran medida de la buena voluntad de la aerolínea o de la iniciativa individual del pasajero.

Frente a esta realidad, llama la atención que medidas sencillas, de bajo coste y alto impacto, apenas estén sistematizadas.

Medidas simples que pueden salvar vidas

A partir de la evidencia científica y de la experiencia de las propias familias, hay acciones claras que podrían reducir de forma significativa el riesgo de anafilaxia en vuelo:

  • Información previa y visible: permitir que el pasajero con alergia comunique su situación en el embarque y que esta información llegue de forma efectiva a la tripulación.
  • Protocolos claros para la tripulación sobre alergia alimentaria y anafilaxia, más allá de los primeros auxilios generales.
  • Evitar el servicio de alimentos de riesgo (por ejemplo, frutos secos) cuando se identifica a una persona con alergia grave en el vuelo.
  • Anuncios preventivos no estigmatizantes, informando de la presencia de una persona con alergia grave, cuando sea necesario.
  • Acceso rápido a la medicación de emergencia, incluyendo formación específica en el reconocimiento precoz de la anafilaxia.
  • Respeto y apoyo a las medidas de autoprotección del pasajero (limpieza de asiento, uso de comida propia, etc.).

Ninguna de estas medidas requiere cambios estructurales complejos. Todas son compatibles con la seguridad aérea y con la operativa habitual de los vuelos.

¿Y en España?

A diferencia de otros países, España carece de una política sobre alergia alimentaria en el transporte aéreo. No existen protocolos públicos específicos, ni obligaciones claras para las aerolíneas en materia de prevención de anafilaxia a bordo. Esto deja a las personas con alergia —incluidos niños y adolescentes— en una situación de incertidumbre y desprotección, obligadas a negociar cada vuelo como si fuera una excepción.

El estudio que comentamos demuestra que las emergencias médicas en vuelo no son anecdóticas. La anafilaxia está ahí, ocurre y tiene consecuencias operativas y clínicas relevantes. Ignorarla no es una opción responsable.

Volar con seguridad también es un derecho

Para las personas con alergia alimentaria, la seguridad no empieza cuando ocurre la emergencia, sino mucho antes: en la prevención, en la información y en el reconocimiento de un riesgo real y evitable.

Como sociedad, y como sistema de transporte, tenemos margen para hacerlo mejor. Y hacerlo mejor, en este caso, puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.